Un miércoles 24 de diciembre de 1980, en el periódico El País, Gabriel García Márquez escribía: “Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2000 años en una caballeriza de miseria (...)”.
De este “despelote” escapó cuanto pudo un archipiélago del Caribe con algo más de once millones de habitantes y más de medio siglo enzarzado en una guerra económica y cultural con una meca del consumo...