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Precios de los diamantes pulidos cayeron un 40% en todo el mundo: mercado se inclina por los de laboratorio, ¿por qué?

El precio de los diamantes naturales ha caído 40% en los últimos años, mientras las piedras creadas en laboratorio, hasta 70% más económicas, transforman una industria que podría mover US$91.900 millones en 2034.

  • Los diamantes creados en laboratorio ganan terreno gracias a sus menores costos y a los cambios en las preferencias de los consumidores. FOTO: GETTY
    Los diamantes creados en laboratorio ganan terreno gracias a sus menores costos y a los cambios en las preferencias de los consumidores. FOTO: GETTY
  • Los cambios en el consumo están acelerando la transformación del mercado mundial de diamantes. FOTO: GETTY
    Los cambios en el consumo están acelerando la transformación del mercado mundial de diamantes. FOTO: GETTY
hace 4 horas
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La industria diamantífera está viviendo uno de los momentos más críticos de su historia, puesto que en los últimos años, el precio minorista de los diamantes pulidos ha caído cerca de 40%, impulsado por la acogida que están teniendo las piedras creadas en laboratorio, cuyo valor de mercado ha aumentado más de 60% desde 2022.

Para hacerse una idea, esta industria, que demanda menos trabajo y evita muchos de los riesgos asociados a la minería tradicional, ya alcanzó un valor de US$29.500 millones el año pasado y, según cálculos del sector, podría crecer hasta US$91.900 millones hacia 2034.

Las razones detrás de este fenómeno se explican en el estudio 2026 Real Weddings Study, el cual revela que los diamantes fabricados en laboratorio son hasta 70% más económicos que los extraídos de minas.

Además, el estudio evidenció que, en mercados de alta demanda como Estados Unidos, el panorama comercial ha cambiado de forma drástica: las gemas cultivadas en laboratorio ya representan el 61% de las ventas de anillos de compromiso.

Y es que, de acuerdo con expertos de la industria consultados por BBC News, “estos diamantes elaborados en fábricas, producidos a partir de carbón cristalizado, son química y físicamente idénticos a los que se extraen de las minas”, pero con la ventaja logística y económica de que pueden producirse en instalaciones industriales de países como China o India mediante tecnologías especializadas, como la alta presión y alta temperatura (HPHT) o la deposición química de vapor (CVD).

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Los diamantes de laboratorio aceleran la crisis de la minería tradicional

Los cambios en el consumo están acelerando la transformación del mercado mundial de diamantes. FOTO: GETTY
Los cambios en el consumo están acelerando la transformación del mercado mundial de diamantes. FOTO: GETTY

De hecho, una de las regiones más afectadas por este cambio en el comercio diamantífero es Kono, uno de los 14 distritos de Sierra Leona, donde esta industria representa entre el 7% y el 20% del Producto Interno Bruto (PIB). El país mantiene una alta dependencia de la minería, actividad que aporta más del 70% de sus ingresos por exportaciones.

Para agravar la crisis, recientemente Koidu Holdings, la mayor mina de diamantes del país, cerró sus operaciones, dejando más de 1.000 empleos perdidos y provocando un aumento de la minería informal en la región.

“La disminución del valor de los diamantes ha reducido los ingresos de los mineros, ha limitado la inversión y ha debilitado la actividad económica local”, señaló Augustine Shekho, gobernador de Kono.

Desde la década de 1930, la minería de diamantes ha sido el principal motor económico de esta región de África Occidental. Sin embargo, hace más de tres décadas, esa misma riqueza desencadenó una cruenta guerra civil en Sierra Leona, una realidad que la película de Hollywood Diamante de sangre (2006), protagonizada por Leonardo DiCaprio, se encargó de retratar en la pantalla grande.

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Sierra Leona, del conflicto armado a la crisis comercial de los diamantes

La abundancia de diamantes convirtió a Kono en el epicentro de una disputa armada por el control de estos recursos. Shekho recordó las brutalidades vividas en la región, incluido el asesinato de su madre.

El gobernador relata que los ataques eran indiscriminados, con incendios provocados en poblaciones enteras y viviendas repletas de explosivos. Para él, revivir esa dolorosa etapa, marcada por una estrategia sistemática de terror, sigue siendo extremadamente difícil. El conflicto, que se prolongó durante 11 años, dejó un saldo estimado de más de 50.000 muertos, además de cientos de miles de personas mutiladas y desplazadas.

A pesar de que en 2003 nació el Proceso de Kimberley —un mecanismo avalado por la ONU para bloquear los diamantes provenientes de zonas en conflicto—, la industria no ha logrado limpiar por completo su imagen.

Para revertir esta situación, la multinacional De Beers lanzó en Sierra Leona el proyecto Gemfair, una especie de modelo de “comercio justo” que provee a los mineros artesanales de Kono con tecnología, capacitación y pagos transparentes. Más allá del impacto social, la estrategia busca blindar la reputación de la empresa al permitir rastrear el origen de cada gema, un atributo que el consumidor actual exige tanto como ocurre con productos como el café o el chocolate.

No obstante, algunos expertos ven el futuro en los diamantes de laboratorio, argumentando que son más económicos, ecológicos y éticos frente a la sobreexplotación terrestre. Sin embargo, esta alternativa también enfrenta un dilema: sus reactores imitan temperaturas extremas y demandan enormes volúmenes de electricidad, lo que pone en duda qué tan “verdes” son realmente.

A pesar de estos cuestionamientos, la demanda de diamantes sintéticos sigue creciendo. De hecho, el mercado de diamantes de laboratorio ya supera los US$20.000 millones, rebasando la estimación global de De Beers para el mercado de diamantes naturales destinados a joyería.

El fenómeno es especialmente evidente en Estados Unidos, donde el informe 2026 Real Weddings Study de The Knot revela que el 61% de los anillos de compromiso ya utilizan piedras cultivadas en laboratorio, una cifra que prácticamente duplica la registrada en 2022. Este cambio responde tanto a nuevas preferencias de consumo como a criterios de ahorro, pues el 40% de las parejas prioriza que la gema sea sintética.

En joyerías como la de Doug Meadows, en Atlanta, los clientes optan por esta alternativa para acceder a piedras de mayor tamaño. Con el oro alcanzando precios récord cercanos a US$5.000 por onza, la montura se ha convertido en el componente más costoso, dejando al diamante como la parte más económica de la joya.

Aunque Meadows considera que aún existe potencial en comercializar la historia, el simbolismo y el origen de los diamantes naturales de África Occidental, reconoce que competir con las piedras sintéticas se ha convertido en uno de los mayores desafíos para una industria que todavía busca respuestas.

Mientras tanto, en Sierra Leona, la realidad sigue siendo mucho más tangible: mineros artesanales como Daniel continúan removiendo grava y barro bajo la esperanza de encontrar una piedra valiosa, enfrentándose una y otra vez a la frustración de terminar la jornada sin hallar nada, pero sin otra alternativa que volver a intentarlo al día siguiente.

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El valor agregado también define el negocio de las esmeraldas

La discusión sobre el futuro de los diamantes encuentra un paralelo en Colombia con las esmeraldas, un mercado donde el verdadero negocio tampoco está únicamente en la extracción. Según la Agencia Nacional de Minería (ANM), las esmeraldas colombianas representan cerca del 0,28% del valor total de las exportaciones del país y el 1,11% de las exportaciones mineras. En 2024, la producción nacional alcanzó 1.298.807 quilates en bruto.

Sin embargo, detrás del reconocimiento internacional de las esmeraldas colombianas existe una realidad compleja. En las zonas productoras viven entre 30.000 y 40.000 personas, pero apenas unas 2.000 cuentan con empleo formal, de acuerdo con Óscar Baquero, presidente de Fedesmeraldas.

El valor de una esmeralda puede multiplicarse varias veces después de salir de la mina. Factores como el color, la transparencia, el tamaño y la calidad del cristal determinan su precio, y una piedra tallada puede alcanzar valores cercanos a US$150.000 por quilate. De hecho, mientras Colombia exportó cerca de 1,2 millones de quilates de esmeraldas en bruto por unos US$26 millones en 2025, los 454.000 quilates exportados ya tallados superaron los US$113 millones, evidenciando que el mayor valor agregado está en la transformación.

A pesar de desafíos como la minería ilegal, los problemas de orden público y las fluctuaciones del mercado internacional, Colombia mantiene su liderazgo mundial en esta industria. Según la ANM, en 2024 el país exportó esmeraldas por US$127,54 millones, muy por encima de otros productores como Brasil (US$24,55 millones), Afganistán (US$1,58 millones) y Rusia (US$0,75 millones), consolidando el reconocimiento global de las piedras preciosas colombianas.

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