A unos 400 metros de la costa de Antofagasta y a 25 metros de profundidad, en el océano Pacífico, está la boca de la tubería que toma el agua de mar para llevarla a la planta desalinizadora. Después de un complejo tratamiento sirve para abastecer las necesidades de agua potable de 560 mil habitantes de esta ciudad, en el norte de Chile, en pleno desierto de Atacama.
En una sala de control dotada de computadores y sofisticados equipos tecnológicos, Víctor Gutiérrez, jefe de Proyectos de Aguas Antofagasta (Adasa), da la orden para que se enciendan los motores y las bombas de succión que agregarán 200 litros de agua por segundo a la planta. Su capacidad de tratamiento pasará de 756 a 956 litros por segundo.