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Parques inundables: la nueva idea de Medellín para enfrentar las lluvias

Inspirada en parques de Dinamarca y Alemania, la ciudad transformará 40.000 metros cuadrados de espacio público.

  • Algunas de las zonas antes de la intervención y como se planea que queden después de las mismas. FOTO: Cortesía
    Algunas de las zonas antes de la intervención y como se planea que queden después de las mismas. FOTO: Cortesía
  • Parques inundables: la nueva idea de Medellín para enfrentar las lluvias
14 de marzo de 2026
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Medellín tendría que inventar una máquina del tiempo para resolver de raíz los problemas que tiene con las quebradas.

Durante las lluvias de las últimas semanas, inundaciones como las ocurridas en El Poblado, en donde la quebrada La Presidenta causó estragos, la urgencia de implementar soluciones para mitigar esos desastres volvió a ponerse en primer plano.



En una inversión proyectada en por lo menos $663.000 millones, Medellín y su área metropolitana se embarcaron en un ambicioso plan para adaptar varias zonas de la ciudad a una nueva realidad en la que las inundaciones, los deslizamientos y las erosiones ya son parte de un riesgo que no se irá.

Dentro de las obras más innovadoras están una serie de parques inundables que ya han sido probados en ciudades como Copenhague, Berlín, Múnich y Hamburgo.

Alejandro Restrepo Montoya, director de Urbanismo y Arquitectura de la Alcaldía de Medellín, es uno de los expertos que han estado detrás de la formulación de esta estrategia y advierte que para comprender la escala del problema hay que recordar que, solamente en Medellín, las quebradas se cuentan por miles.

“Medellín es un territorio que tiene un componente ambiental muy fuerte y marcado por nuestras montañas orientales y occidentales. A través de ellas hacia el centro pasan 4.217 quebradas, de las cuales cerca de 57 son afluentes directos del río y la extensión en agua es de cerca de 2.400 kilómetros, con aguas en suelo rural y urbano”, anota.

A lo largo de la historia, Medellín siempre ha convivido al lado del agua.

Desde el siglo XVII, cuando Medellín se erigió como villa, la retícula urbana comenzó a expandirse principalmente alrededor de la quebrada Santa Elena.

Si bien también aparecieron algunos asentamientos alrededor de otras quebradas, como La Iguaná en el occidente, y otros más al sur y al norte, fue a partir de finales del siglo XIX que la mancha urbana empezó a extenderse a mayor velocidad por todo el Valle de Aburrá.

En medio de este proceso, la ciudad no solo superó barreras naturales como la de la Santa Elena hacia el norte o los terrenos pantanosos de Guayaquil hacia el sur, sino que en la segunda mitad del siglo XX se expandió ampliamente hacia el nororiente, el occidente y las laderas del sur del Aburrá.

Además de calles y edificios en altura en muchas zonas, esa expansión también incluyó múltiples barrios informales que se asentaron en zonas inundables y susceptibles a movimientos en masa y socavaciones.

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Para abrirle campo a la ciudad, la mayor parte de esos cuerpos de agua fueron canalizados con losas de concreto –tal como ocurrió con el río Medellín– o incluso fueron confinados bajo tierra para permitir que calles y avenidas pasaran por encima –como ocurrió con la Santa Elena a su paso por el Centro–.

Muchas de esas estructuras se han venido quedando obsoletas con el paso de las décadas. La de mayor magnitud es la canalización del río Medellín, que de acuerdo con los diagnósticos del Área Metropolitana del Valle de Aburrá tiene por lo menos 30 puntos críticos, que eventualmente podrían comprometer vías como la Autopista Sur y las carrileras de la Línea A del metro.

En el caso de otras quebradas, como La Presidenta, su capacidad hidráulica se ha venido quedando corta sobre todo en los grandes eventos de lluvia, tal como quedó en evidencia en enero pasado.



“Cuando miramos todo el tema de la planificación urbana de la ciudad, ahora en revisión del POT, tenemos que regresar a los orígenes ambientales de Medellín y mirar cómo debemos comenzar a revisar un territorio que tenía ya una serie de visiones naturales y topográficas planteadas que con el paso del tiempo han venido desapareciendo, las hemos canalizado o hemos hecho cualquier otro tipo de intervenciones. Definitivamente allí subyace una estructura ambiental de muchísima importancia donde tenemos que comenzar a redescubrir”, agregó el arquitecto.

¿Por qué se inunda Medellín?

Que el problema de las inundaciones en Medellín se haya vuelto más frecuente tiene varias explicaciones.

Según han ilustrado las autoridades y expertos durante los últimos años, la primera razón es natural y tal vez la más lógica de todas: en el valle de Aburrá las lluvias son más intensas que en otros lugares.

En términos técnicos las lluvias usualmente más problemáticas son las de tipo convectivo. Esto significa que ocurren cuando el sol calienta el suelo con fuerza y genera que el aire caliente ascienda velozmente, a su vez empujando hacia arriba el aire húmedo. En una reacción en cadena, dicho aire con vapor de agua se encuentra con capas más frías de la atmósfera, se enfría, crea grandes columnas de nubes y estas a su vez generen aguaceros que se caracterizan por ser muy intensos y de corta duración.

En este punto es que entra en juego una conjunción de factores urbanos. En primer lugar, en muchas zonas de la ciudad, estas grandes cantidades de agua se topan con sistemas de drenaje obsoletos.



No obstante, el problema de mayor envergadura, y que tiende a agravarse con el paso del tiempo, es que la mayor parte del suelo del valle de Aburrá, un siglo atrás cubierto en gran proporción por bosques y capa vegetal, ya está urbanizado, lo que genera que el agua no se absorba y fluya libre en gigantescos volúmenes a los sumideros, desagües y quebradas.

Expertos como el docente Édgar Cano Restrepo, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional, señalaron por ejemplo, en diálogo con este diario en junio de 2024, que mientras años atrás el agua podría tardar hasta dos y tres días para llegar a las quebradas, gracias a esas propiedades de absorción del suelo, ahora lo hace en 20 minutos.

Para acabar de complejizar el panorama, vale anotar que Medellín tampoco está exenta de los impactos del cambio climático y de los fenómenos a escala global como El Niño y La Niña.

Parques inundables: la nueva idea de Medellín para enfrentar las lluvias



El ejemplo más elocuente y reciente de esa baja capacidad de absorción del suelo y del colapso de la capacidad hidráulica de las quebradas ocurrió el pasado 28 de enero en El Poblado, cuando, según los datos del Siata, en 44 minutos cayó el equivalente de lluvia de un mes. El resultado fue la inundación de zonas como la avenida Regional, la Calle 10, la Glorieta de Monterrey y múltiples daños en esa concurrida zona de la ciudad.

Los impactos son además diferentes según la zona de la ciudad de la que se hable. Por ejemplo, mientras en El Poblado el lío es lidiar con una canalización que se quedó corta –a la que también se suma la quebrada La Poblada–, en otras zonas como el corregimiento de Altavista el problema es que en las orillas de las quebradas se han construido barrios enteros que terminan recibiendo la furia del agua cuando esta se desata.


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En abril de 2025, en esa zona ubicada en el suroccidente de Medellín, un episodio de lluvias generó una creciente que se abalanzó sobre por lo menos 40 casas y hasta partió un puente por la mitad.

Estrategia a varios frentes

Con base en ese panorama, el arquitecto Restrepo retoma y apunta que la estrategia en la que se embarcó la Alcaldía, junto con el Área Metropolitana, comprende trabajos de diverso alcance y dimensión.

Mientras el Distrito está intensificando sus esfuerzos por hacer más eficiente la limpieza de las quebradas y mejorar su capacidad hidráulica con algunas intervenciones menores, también formuló planes para generar nuevos espacios públicos que protejan las áreas de retiro y además permitan mitigar las inundaciones.

Antes de que termine este gobierno, en 2027, el funcionario señala que la meta es intervenir 350 puntos críticos por riesgo hidráulico ubicados en 91 quebradas, generar 40.000 metros cuadrados de espacio público, levantar 21 obras hidráulicas nuevas e intervenir 30 puntos críticos en el Río Medellín.

“Hay tres tipos de intervenciones. Primero, reconducir los cauces de manera natural, pues hay cauces modificados de manera artificial, tapados con basura o escombros para acomodar infraestructura informal. Segundo, mitigar los riesgos a través de soluciones basadas en la naturaleza, como taludes más amplios o ampliar la capacidad del canal para evitar desbordamientos”, explica.

El arquitecto señala que este último reforzamiento se hace “vía natural” o “vía ingeniería”, según donde se deban construir contenciones.

Por ejemplo, en la quebrada La Honda, se proyectan contenciones de cerca de dos metros de altura, acordes a los niveles de riesgo hídrico.

La tercera intervención es tal vez la más llamativa y consiste en construir jardines y parques inundables, que consisten en espacios con pisos naturales y pavimentos filtrantes que servirán como una primera capa de contención para evitar que el agua llegue a las vías públicas o las casas.



“La primera barrera son los muros o taludes laterales que absorben parte del agua. Si la creciente es muy grande, la parte superior de esos taludes tiene un material natural absorbente con especies bajas que funciona como barrera. Hay una segunda barrera de altura con nuevos niveles absorbentes y la tercera es la corona con pavimentos filtrantes. No es un contenedor, es una barrera absorbente que conserva las aguas y hace un balance del ecosistema para que la ciudad no esté tan sellada”, explica Restrepo.

Uno de los ejemplos ya materializados de esta estrategia ocurrió en Parques del Río Norte, en donde ya se construyó un gigantesco tanque con capacidad para retener más de 1.100 metros cúbicos de agua proveniente de lluvias extremas.

La estructura, una de las más grandes de su tipo en Latinoamérica, estará ubicada bajo una cancha de fútbol que tendrá el futuro complejo.

De igual forma, en el Gran Parque Medellín, nombre que recibirá el reformado aeroparque Juan Pablo Segundo en Belén, también se están interviniendo 220.000 metros cuadrados con superficies naturales pensadas para absorber el agua y evitar, como ocurrió en abril de 2025, que las quebradas cercanas al aeropuerto Olaya Herrera generen inundaciones que comprometan su operación o el tránsito en sus vías adyacentes.

La lista de parques que serán construidos también incluye a la quebrada Altavista, en donde se habilitarán 18.000 metros cuadrados de espacio público; la quebrada La Honda, en donde se habilitarán 3.000 metros cuadrados de espacio público; la quebrada La Rafita, donde se habilitarán 2.000 metros cuadrados de espacio público, entre muchas otras (ver mapa).

En el caso de las quebradas ubicadas en zonas susceptibles a la aparición de asentamientos informales, los parques tendrán el objetivo de habilitar mobiliario urbano para el disfrute de los vecinos, al tiempo de proteger las zonas de retiro para que allí no vuelvan a levantarse casas que eventualmente queden otra vez involucradas en tragedias o emergencias.

Restrepo añade que, como referencia, Medellín estudió casos de éxito ocurridos en otras ciudades europeas, en las que los parques inundables han demostrado ser una herramienta eficaz.

“Estos parques están planeados para ser una esponja natural y evitar colapsos por la confluencia de la quebrada La Guayabala, Altavista y el Caño del Papa. Internacionalmente, Copenhague en Dinamarca es una ciudad referente, al igual que Berlín, Múnich y Hamburgo en Alemania. La tecnología natural de Copenhague es uno de los puntos de referencia que hemos utilizado para aprender”, añadió.

El cronograma que maneja el Distrito apunta a que este año se entreguen obras en las quebradas La Honda, Altavista, El Pelón, La Chorrera, La Cabuyala y La Aguadita.

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Asimismo, se proyecta que en este 2026 inicien obras en la quebrada La Máquina, en Manrique; la Llorona, en Aranjuez; El Indio, en El Poblado; y la Presidenta, en esta misma última comuna.

Entre tanto, para el próximo año, los planes apuntan a iniciar obras en las quebradas Iguaná, La Picacha, La Rosa, Cauces, La Milagrosa y La Rafita. Este último paquete de obras se proyecta esté listo para 2028.

“Ese es el camino trazado. Hemos identificado 300 puntos críticos en 91 quebradas de Medellín donde hay riesgos hidráulicos. Esas obras se tienen que hacer a la par del planteamiento del espacio urbano: primero la mitigación del riesgo y el saneamiento de cauces para posteriormente proyectar el espacio público”, apunta Restrepo.

Todos estos trabajos se enmarcan en el proyecto Mi Río, mis Quebradas, presentado por el Distrito en noviembre del año pasado y con el que se busca recuperar las estrategias de largo aliento para proteger las fuentes hídricas, tal como en su momento se hizo a través del desaparecido Instituto Mi Río, dedicado al cuidado del río Medellín.

A un nivel metropolitano, el plan también incluye obras por fuera de Medellín, en las que también participa el Metro, para conjurar los riesgos que se mantienen en el río Aburrá y que en los últimos años han comprometido parcialmente la operación de la Línea A.

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