Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Cuando el Museo de Antioquia fue el Palacio que resguardaba el poder en Medellín

Próximo a cumplir 90 años, el Palacio Municipal, o de Carabobo, fue por décadas el corazón de la Alcaldía de Medellín. Hace 26 años, y en medio de la crisis que embarga al Centro, se convirtió en la sede del Museo de Antioquia

  • Los diseños del Palacio Municipal fueron aprobados en 1927. FOTO Julio César Herrera.
    Los diseños del Palacio Municipal fueron aprobados en 1927. FOTO Julio César Herrera.
  • La construcción del edificio fue objeto de debate, porque muchos consideraban que había temas más importantes para la cuidad. FOTO Julio César Herrera.
    La construcción del edificio fue objeto de debate, porque muchos consideraban que había temas más importantes para la cuidad. FOTO Julio César Herrera.
  • El edificio es considerado una de las joyas de la arquitectura colombiana. FOTO Julio César Herrera.
    El edificio es considerado una de las joyas de la arquitectura colombiana. FOTO Julio César Herrera.
hace 1 hora
bookmark

En la parte trasera del Palacio Municipal, en donde hoy funciona el Museo de Antioquia, todavía sobrevive una placa en mármol instalada en 1953 en la que se plasmaron los diez mandamientos que debían cumplir los funcionarios públicos en Medellín.

“La vida es amable y buena. No amargue usted la suya y la ajena con palabras descorteses o con actitudes desapacibles”, “No olvide usted nunca que todas las obras y dependencias del Municipio son del pueblo, que el pueblo las sostiene y que usted no es sino un servidor”, decían algunos de ellos, que al final se resumían en uno solo: “Trate usted al público como quisiera que lo trataran a usted”.

La idea de construir un gran edificio para la Alcaldía de Medellín comenzó a discutirse por lo menos desde 1917 y no estuvo exenta de polémica. Una de las primeras referencias que aparecen en la prensa sobre el proyecto salió en una breve noticia de la edición del 24 de enero de este diario, en la que se referenciaba cuando el Concejo de Medellín autorizó nombrar una comisión para estructurar el proyecto. En junio de ese mismo año, luego de dos debates, esa corporación aprobó abrir un concurso público con un premio de 800 pesos para los planos y otros 800 para los detalles.

Infográfico
Cuando el Museo de Antioquia fue el Palacio que resguardaba el poder en Medellín

Las condiciones eran principalmente que los materiales para levantar el edificio fueran de un precio razonable y se pudieran encontrar en Medellín. “En la elaboración del proyecto no debe perderse de vista el factor económico, si bien el edificio puede ser de los pisos necesarios”, se indicaba.

Aunque durante las primeras décadas del siglo XX la ciudad se estaba transformando y se había embarcado en la construcción de grandes edificios, muchos consideraron un despropósito el proyecto.

Y es que a pesar de ya estarse consolidando como uno de los núcleos industriales del país y estar abierta al mundo tras la llegada del ferrocarril en 1914, la mayor parte de Medellín aún era una ciudad de calles destapadas y sin agua potable.

Argumentando que los recursos públicos debían emplearse mejor en ampliar la red de acueducto y pavimentar las vías, muchos pidieron frenar el proyecto, mientras otros, entre ellos integrantes de la Sociedad de Mejoras Públicas, instaron a que siguiera adelante, como finalmente ocurrió.

Pese a discutirse desde 1917, los diseños del Palacio no serían aprobados hasta una década después.

La construcción del edificio fue objeto de debate, porque muchos consideraban que había temas más importantes para la cuidad. FOTO Julio César Herrera.
La construcción del edificio fue objeto de debate, porque muchos consideraban que había temas más importantes para la cuidad. FOTO Julio César Herrera.

A diferencia de otras joyas de la arquitectura de Medellín, el Palacio fue diseñado por arquitectos de la ciudad. En 1927, los hermanos Horacio y Martín Rodríguez, creadores de la firma de arquitectura H. M. Rodríguez e Hijos, ganaron el concurso. Sin embargo, por varios problemas, incluida la crisis económica del 1929 y otras afugias, la construcción no pudo terminarse e inaugurarse hasta 1937.

El arquitecto Luis Fernando Molina Londoño cuenta en su texto Palacio Municipal de Medellín: Martín Rodríguez que el edificio pronto ganó prestigio a nivel nacional por ser una construcción de vanguardia de la más alta calidad.

En su texto, el profesor resalta además que la construcción es importante para la historia urbana de Medellín por encarnar una transición entre la arquitectura etiquetada como republicana y la racionalista, esta última caracterizada por buscar un punto medio entre la ornamentación de las construcciones antiguas y espacios más funcionales y prácticos.

“El racionalismo presente en la Alcaldía, o Palacio Municipal, se expresa en la búsqueda de equilibrio entre lo antiguo y ornamentado con el tecnicismo del modelo positivista de finales del siglo XIX, que tendía al uso de las formas construidas por la ingeniería, realizada con materiales industriales como el acero, el cemento Portland y el concreto reforzado para producir espacios de uso intensivo y masivo, como por ejemplo, fábricas, mercados y estaciones del tren”, explica el profesor en su texto.

Lea más: El Palacio de la Cultura y sus más de 100 años de historia y patrimonio en Medellín

En el caso del Palacio, resalta el profesor, esa concepción se ve plasmada en una fachada bellamente ornamentada, pero al mismo tiempo discreta.

“Su funcionalismo es simple y práctico, tendiente a cubrir con eficiencia y economía las exigencias espaciales del gobierno municipal; los detalles ornamentales en la fachada principal y la obra de madera y hierro, de innegable valor artístico, son emblemáticos y muy discretos. También los volúmenes entrantes y salientes en ladrillo, o los revoques de cemento a la vista en todas las fachadas cumplen funciones decorativas”, explica en su escrito.

Otra de las características sobresalientes del Palacio, resalta Molina, es el uso del ladrillo, que a diferencia de otras construcciones más antiguas de Medellín, allí dialoga con estructuras de concreto reforzado, hierro y elementos de vidrio, que acercan al espacio a un estilo más del art decó, para entonces sinónimo de vanguardia y en pleno furor en países como Estados Unidos.

En su interior el Palacio también es de una gran belleza, especialmente por alojar algunos de los murales más importantes de Medellín.

El edificio es considerado una de las joyas de la arquitectura colombiana. FOTO Julio César Herrera.
El edificio es considerado una de las joyas de la arquitectura colombiana. FOTO Julio César Herrera.

En su escalera principal, por solo mencionar uno, puede apreciarse por ejemplo el mural El problema del petróleo y la energía, del maestro Pedro Nel Gómez, en el que un ajetreado puñado de hombres y mujeres encarnan los contrastes de una sociedad industrial volcada a la producción del combustible y el uso de grandes aparatos para transportarse y hacer la guerra.

En el recinto que antes ocupó el Concejo de Medellín para hacer sus sesiones, en el que hoy todavía se realizan eventos, también hay otro mural pintado por el maestro Pedro Nel, titulado La República, en el que una masa de cuerpos desnudos lucha entre sí en medio de una representación que recrea la historia del país e incluye próceres y políticos.

El fin del Palacio

Aunque durante muchos años el corazón político y administrativo de Medellín y Antioquia se concentró en un polígono marcado por las calles Calibío, De Greiff, Bolívar y Cundinamarca –incluyendo también el Palacio de la Gobernación–, a mediados del siglo XX la ciudad empezó a virar en otra dirección.

En la década de 1950, los arquitectos Paul Lester Wiener y José Luis Sert formularon un plan piloto, que, además de grandes avenidas que luego se materializaron, recomendó construir un complejo en el que se concentraran los edificios públicos.

El arquitecto e historiador Luis Fernando González Escobar recuerda en su libro El Jordán y la Casa Zea en la historia urbana de Medellín, que en la década de 1970 el crecimiento industrial de Medellín comenzó a estancarse, por factores como un repunte en el precio del petróleo y posteriormente una crisis de deuda externa que se agudizó en 1982.

En el Centro de Medellín esas coyunturas se tradujeron en un incremento del desempleo, la informalidad en las calles y también con varios hechos urbanos clave. Uno de ellos fue el fin de la Plaza de Mercado Cubierto de Guayaquil, que tras un incendio ocurrido el 7 de abril de 1968 dejó en el limbo a cientos de comerciantes.

En la década de 1970, también fue el fin de la Estación Medellín del ferrocarril, lo que a su vez impulsó el proyecto de construir allí un nuevo centro administrativo que concentrara a la Alcaldía, la Gobernación, los despachos judiciales y otras oficinas públicas. La construcción del viaducto del Metro sobre la carrera Bolívar fue otra estocada a la vida del centro histórico, que en la década de 1980 ya estaba convertido en un nido de inseguridad y expulsaba sin pausa a quienes todavía tenían allí sus casas.

El traslado a La Alpujarra de la Alcaldía y la Gobernación se concretó en 1987. Cuando el Palacio Municipal quedó desocupado, junto al contiguo Palacio de Calibío, comenzaron a aparecer proyectos para darle un nuevo uso a esa zona.

Le podría interesar: De sombrío edificio de juzgados a galería de arte: la historia del Palacio Nacional

Mientras el Palacio de Calibío comenzó a restaurarse en 1987, apunta el profesor González Escobar, el Municipal fue incluido en 1992 en un plan de intervención del centro, que tomó impulso en 1998 durante la alcaldía de Juan Gómez Martínez.

En ese documento se planeaba convertir el lugar en la nueva sede del Museo de Antioquia, para entonces también con el deseo de crecer y que logró un apoyo crucial de la mano del maestro Fernando Botero, quien no solo donó invaluables pinturas, sino 23 esculturas de bronce y un millón de dólares, para que el recinto se convirtiera en un centro cultural a la altura del legado de los maestros del arte antioqueño.

La reinauguración del Palacio como sede del Museo ocurrió en octubre de 2000 y 26 años después el edificio sigue sobreviviendo a las complejidades del Centro.

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto

Las más leídas

Te recomendamos