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“Mi hijo Jerónimo me despertó un propósito que no sabía que tenía”: Juliana Gutiérrez

La hermana del alcalde Federico Gutiérrez encabeza la lista al Senado por Creemos. Cuenta cómo la muerte de su primer hijo le otorgó un “propósito superior”.

  • Juliana Gutiérrez es administradora de empresas y magíster en administración de riesgos. Encabeza la lista al Senado del Partido Creemos. FOTO Cortesía
    Juliana Gutiérrez es administradora de empresas y magíster en administración de riesgos. Encabeza la lista al Senado del Partido Creemos. FOTO Cortesía
Luz María Sierra

Directora de EL COLOMBIANO.

hace 1 hora
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Juliana Gutiérrez dice que no llega a la política como una figura improvisada a la sombra de su hermano, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. Tras enfrentar la muerte de su hijo Jerónimo a causa de un cáncer y recibir el diagnóstico de una enfermedad degenerativa en su hija Alicia, Juliana cuenta que ha transformado el duelo en una causa social que hoy pretende llevar al Senado.

¿Está usted en la política por Federico Gutiérrez?

“Por supuesto que a mí Federico me inspira muchísimo y es un gran orgullo ser su hermana; de él comparto los mismos valores y la misma visión de país, pero no soy un clon de Federico. Yo también tengo una historia de vida y unas banderas propias por las cuales quiero llegar al Senado”.

No conocía su historia y realmente que vida tan impresionante. Entiendo que también por eso está haciendo política.

“Desde muy joven me casé con una ilusión gigante de tener una familia. Mi esposo y yo decidimos ser padres muy rápido y llegó a nuestras vidas Jerónimo. Jero fue nuestro primer hijo. Yo tenía 25 años. Me gradué de la universidad, soy administradora de empresas y soy magíster en administración de riesgos. En ese momento, cuando me gradué, me casé recién graduada y decidimos tener hijos muy pronto. Somos tres hermanos, yo soy la menor. Tenemos una hermana mayor que se llama Catalina y Federico es el de la mitad. Fui la primera con hijos”.

¿Vivieron en qué barrio?

“En Belén Alameda fue donde vivimos toda la vida, fue la casa de mis padres. Mi papá era ingeniero civil, mi mamá era delineante de arquitectura y decoradora. Crecimos con esa estructura y mentalidad de ingeniero, pero unos papás completamente amorosos. En mi historia de vida lo agradezco mucho porque fueron personas que me enseñaron a ver la vida de colores y creo que eso me ayudó mucho a sobreponerme de los momentos duros o difíciles que he tenido.

Jero nació en el 2008 con unas condiciones completamente normales, llegó a nuestras vidas como un hijo supremamente deseado, anhelado, con lo que nos soñábamos como cualquiera que quiere formar una familia. Fue el primer nieto, el primer sobrino por el lado mío. Al mismo tiempo Márgara, mi cuñada, la esposa de Federico, estaba también en embarazo de Emilio. Emilio y Jerónimo se llevan seis meses de diferencia. Cuando Jero tenía 2 años y 8 meses, empieza a presentar infecciones urinarias. Nosotros, papás primerizos, sin mucha angustia, empezamos a ver qué pasaba y resultó un diagnóstico muy triste: tenía cáncer de próstata”.

A una edad tan temprana debe ser demoledor.

“Demoledor. Hago un símil: es como si fueras en una carrera con audífonos puestos, concentrado en correr, y te ponen un muro de concreto al frente; te estrellas contra él y cuando caes quedas completamente aturdido. Estas palabras nunca las vas a esperar y menos de ese ser amado tan deseado que tienes a tu lado. Uno nunca cree que estas cosas le puedan pasar. Además, mi familia nunca había pasado por la palabra cáncer, jamás habíamos convivido con este diagnóstico y mucho menos esperarlo en un niño de 2 años y 8 meses. Esto fue una experiencia muy difícil. Empieza un proceso en el Hospital Pablo Tobón Uribe con una incertidumbre enorme, pero un acompañamiento muy bonito por la institución y las familias. Lo que mis hijos han venido a aportarnos a la vida, a mi esposo y a mí, ha sido el crecimiento personal más grande que podamos hacer.

Jero finalmente tuvo un proceso de un año y cuatro meses, tuvo 36 quimioterapias y 20 radioterapias, pero aún estando en tratamiento tuvo una recaída. Después de esta recaída, las probabilidades de éxito de un nuevo tratamiento se disminuyeron muchísimo y nos tocó tomar una decisión como familia: suspender el tratamiento y que fuera lo que Dios quisiera. Jero falleció el 25 de enero del 2012.

Hemos convertido toda esa experiencia que vivimos con Jerónimo en un propósito de vida, porque a mí Jerónimo me hizo descubrir un propósito real que tenía dormido”.

¿Cómo fue ese descubrimiento?

“El descubrimiento ocurre justo después de la muerte de Jerónimo. Durante el proceso conocimos muchas familias en el hospital con situaciones muy duras. Mi esposo y yo estábamos siempre al cuidado de Jerónimo; tuvimos una quiebra, dejamos de lado todo nuestro trabajo y nos dedicamos 100% a acompañar a nuestro hijo. Al tener dos adultos a disposición de Jero, algunas noches podíamos ir a acompañar a alguno de los niños que estaban alrededor, pero no entendíamos cuál iba a ser ese propósito superior.

Descubrí ese propósito un mes después de haber fallecido Jerónimo, cuando me llama la psicóloga del hospital y me dice: ‘Juli, va a fallecer un niño que tengo aquí de oncología pediátrica. A veces se me agotan las palabras de aliento para darle a esta familia, dime qué les digo o dame una recomendación’. En ese momento lo único que se me ocurre decirle es: “Cata, diles que yo ya voy para allá’.

Yo colgué y mi esposo se puso furioso conmigo, me decía: ‘¿Cómo te vas a ir ya para el hospital? Jerónimo se acaba de morir hace un mes y tú sales corriendo para el lugar donde se murió’. Yo sentía algo en mi corazón diciendo: ‘Tengo que estar, tengo que ir allá’.

Cuando llegué al hospital estaba Cata esperándome. Me siento con ella a hablar y me dice: ‘Bueno, Juli, hablemos para que me digas qué quieres que le diga a esta familia’. Le dije: ‘No, yo no vine a hablar contigo, yo vine a hablar con ellos’. Me dice: ‘Es que yo ni siquiera te he dicho quién es la familia’. Cuando me dice: ‘Juli, es Marco’; me dio un dolor profundo porque Marco era un niño que había estado en todo ese proceso de quimioterapias con Jerónimo, un niño que tenía una leucemia mieloide aguda muy severa. Le habían hecho un trasplante de médula, pero yo me había quedado sin saber qué había pasado después porque ahí fue el momento en que mi hijo fallece. Marquito rechaza ese trasplante y ya no tiene más probabilidades de éxito.

Me daba también mucho pesar con su familia porque teníamos muchas diferencias. Andrés y yo estábamos muy jóvenes cuando fuimos padres y en el momento que Jero fallece, yo tenía claro que quería volver a ser mamá, pero muchas de las familias que pasan por eso tal vez no pueden volver a ser padres. Yo veía a esa familia y sabía que era un niño de 12 años, tal vez el único hijo que iban a tener. Además, con situaciones económicas duras, donde su padre casi nunca pudo estar presente durante el tratamiento porque trabajaba en un pueblo”.

¿Y qué hicieron?

“Estar ahí en ese momento con ellos, entrar, acompañarlos. Yo sentía una voz que me decía: ‘Mamá, aquí es donde tienes que estar’. Yo sentía que Jerónimo me hablaba. Entré a la habitación donde estaba Marco y su mamá hasta con una sonrisa, porque le decía a Jerónimo que era como un ángel que me acompañaba. Cuando entré, la mamá me mira y me dice: ‘Lo único que yo quería es que tú estuvieras acá; alguien que hubiera vivido una situación por la que yo voy a pasar, y dime que yo voy a volver a tener esta sonrisa que tú tienes’.

En ese momento descubrí que tal vez todos tenemos situaciones difíciles, pero el tema de la empatía, ser empático con el otro, poder ir a darle un mensajito de aliento... Yo no podía prometerle que iba a tener esa sonrisa, porque mi sonrisa de ese momento tenía todo el dolor de la muerte reciente de mi hijo, pero era un tema de llevarle el mensaje de ‘vas a seguir adelante’. Pase lo que pase, vamos a seguir adelante. Encontré que era una manera de poder inspirar a otras familias en este proceso. Y no solo inspirarlos, sino ver las situaciones tan difíciles por las que pasan muchas personas, porque nosotros afortunadamente tuvimos que pasar por la situación difícil económica, pero tuvimos quién nos soportara”.

¿Cómo hicieron ese duelo?

“En el duelo se transita. Hay etapas de aceptación, pero no es como un checklist de chulear una etapa y la otra, sino que vas transitando. Incluso después de 14 años yo aún tengo detonantes que me hacen llorar y eso está bien; no quiere decir que porque uno llore no esté superado. Es más, para mí la pérdida de un hijo es insuperable. Es algo con lo que aprendemos a vivir”.

Ahora vamos a hablar de que usted fue mamá de nuevo. Pero, ¿qué cree que le aporta hoy lo que ocurrió con Jero?

“Creo que en la política necesitamos seres humanos, muy humanos, capaces de conectarse con las realidades de la gente. Me considero una persona completamente empática. Desde que mi hijo falleció, mi esposo y yo tenemos una causa social. No tenemos una fundación, tenemos una causa social que ayuda a canalizar recursos para diferentes fundaciones de niños en oncología pediátrica.

Acompañamos a familias con nuestro testimonio. En ese momento aún no con recursos económicos, porque estábamos reconstruyendo nuestras vidas, reconectándonos como pareja. Esto es volverse a reinventar, volver a formarse como pareja, porque el 80% de las parejas que pierden un hijo se separan y nosotros decidimos seguir juntos. Muchas familias nos buscaban para conocer la manera como Andrés y yo afrontamos lo de Jerónimo, porque en el momento que estaba falleciendo le hicimos una promesa: ‘Te prometemos que vamos a ser felices, pase lo que pase’.”

¿Cómo fue eso?

“Realmente uno no sabe de dónde salen esas palabras. Fue un momento en el que le estábamos ayudando a Jerónimo a desprender de este plano terrenal. El 25 de enero del 2012, a las 7 de la mañana, empezamos a sentir que su respiración bajaba, que iba llegando su hora. Andrés y yo le cogimos las manitos, estaba sedado porque tenía dolores muy fuertes, y le dijimos: ‘Hijo, descansa en paz y te prometemos que pase lo que pase, el papá y yo vamos a ser felices’. Viene la última respiración y ya va pasando el tiempo, lo ves y ya no vuelve ninguna otra respiración.

Fue muy duro, muy difícil. En ese momento estábamos acompañados por nuestras familias. Es un choque muy difícil y no estamos tan preparados para entender la muerte. En ese momento mi hermana y mi cuñada salen corriendo de la habitación a buscar a las enfermeras para reanimar a Jerónimo. Yo recuerdo salir corriendo detrás de ellas, abrazarlas y decirles: ‘No, entren’. Nosotros ya habíamos firmado la voluntad de no reanimación. Mis palabras fueron: ‘Jero se acaba de aliviar, ya no va a tener dolor, ya no va a sufrir. Esto es el milagro que tanto habíamos pedido’. Entramos a la habitación, hicimos una oración y después llamamos al equipo médico”.

Y luego volviste a ser madre. ¿Cuántos años tiene Alicia?

“Alicia es nuestra segunda hija, tiene 11 años y es otra historia de vida completamente inspiradora. Mi anhelo más grande después de la muerte de Jerónimo era volver a ser mamá. Andrés tenía más temor de volver a repetir la experiencia. Nos hicimos muchos exámenes para garantizar que no trajéramos hijos con cáncer, aunque lo de Jerónimo fue adquirido y no congénito.

Alicia tuvo todo el desarrollo normal, nació a las 40 semanas. Cuando Alicia empieza a caminar, a los 12 meses, es cuando nos damos cuenta que algo no está bien. Pero con un agravante: mi mamá había fallecido un mes antes de cáncer cerebral. Yo miraba al cielo y le decía a Dios: ‘Ya entregué a mi hijo, mi mamá acaba de fallecer, no quiero pensar que algo esté pasando con mi hija’. Tuve una negación como por un mes. Mi esposo me decía que algo estaba mal, que se caía y no tenía equilibrio. Pedimos una cita donde el pediatra y apenas la vio me dijo: ‘Esto no me gusta’. Inmediatamente con neurólogo a empezar a evaluar.

Encontramos un diagnóstico cuando Alicia tiene 5 años, estuvimos cuatro años en busca de un diagnóstico, fue una incertidumbre muy grande. Alicia tiene una enfermedad huérfana degenerativa, una ataxia cerebelosa donde su cerebelo se va reduciendo de tamaño y va perdiendo la movilidad. Recibir este diagnóstico fue otro golpe durísimo, pero ya teníamos una lección muy grande de vida y habíamos construido unas bases edificantes. Recordamos la promesa que le hicimos a Jerónimo de ser felices pasara lo que pasara”.

¿Y no es curable?

“No, es degenerativa. Tuvimos la oportunidad de estar en el exterior confirmando su diagnóstico y definitivamente comprobamos la buena medicina que tenemos acá en Colombia. Lo que hay para hacer por Ali es entregarle mucho amor y fortalecerla, pero tratamiento médico más allá de terapias no hay. Cuando estuvimos confirmando su diagnóstico por fuera, nos hablaron de una expectativa de vida corta, una adultez temprana. Pero para nosotros eso no es un parámetro. Para nosotros Alicia es un ser humano que nos sorprende cada día. Nos ha enseñado a ver la vida de una manera muy distinta”.

También les trajo nuevas enseñanzas. Usted parece una elegida para aprender de las dificultades, ¿no?

“Bienvenido lo que haya que vivir. Creo que puedo ser un espejo para muchas personas. No me siento como una persona que vive una tragedia, ni la dueña de todos los problemas. Yo también tengo espejos de otras personas y digo: ‘Si ellos pueden, yo también puedo’. Me considero una afortunada de la vida, de lo que tengo y puedo disfrutar, cuántas personas no pueden oír ni siquiera la voz de sus hijos. Entonces no es lo que no tenemos, sino valorar lo que sí tenemos”.

¿Por qué decide meterse a la política en vez de dedicarse a su fundación o a inspirar a otros?

“Porque considero que puedo ser una voz para muchas familias que han vivido una situación difícil en este país. Con la causa social hemos acompañado en cosas que el sistema no entrega: pago de vivienda, servicios, mercado. Pero lamentablemente, desde hace tres años este sistema de salud está deteriorado y hemos tenido que entrar a acompañar incluso en lo que el sistema debería dar: medicamentos, tutelas. El sistema de salud está completamente destrozado. Se nota la escasez de medicamentos, donde perdemos vidas por no tener tratamientos oportunos. Una de mis banderas para el Congreso es luchar por esta causa social pero trascender a lo nacional”.

A quienes le dicen que hay cierto nepotismo porque es la hermana del alcalde y está en la lista, ¿qué les responde?

“Les respondo que soy una ciudadana que también tiene el completo derecho a participar. Además, esto es elección popular. Nepotismo sería si él me impone en un cargo público, lo cual nunca hará porque tenemos claros los límites. Pero pienso que somos personas que podemos estar al servicio”.

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