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Nueve familias del barrio Boston angustiados: deben desalojar por riesgo y no tienen adónde ir

La orden de desalojo de la Inspección 10B de Paz y Convivencia de Medellín fue fijada para este jueves a las seis de la mañana.

  • La casa de cuatro pisos y con sótano es la más “mostrona” de la carrera 37 con calle 55 del barrio Boston. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
    La casa de cuatro pisos y con sótano es la más “mostrona” de la carrera 37 con calle 55 del barrio Boston. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
  • Daniela Caicedo tenía desde el martes parte de sus pertenencias empacadas, por si le toca salir. FOTO: NESTOR LÓPEZ
    Daniela Caicedo tenía desde el martes parte de sus pertenencias empacadas, por si le toca salir. FOTO: NESTOR LÓPEZ
  • Juan Guillermo Betancur señala el cauce de la quebrada que pasa por la parte posterior de la casa y los muros de contención; se nota también la puerta que los anteriores ocupantes del sótano abrieron para entrar hacia la ampliación que hicieron y se llevó la corriente. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
    Juan Guillermo Betancur señala el cauce de la quebrada que pasa por la parte posterior de la casa y los muros de contención; se nota también la puerta que los anteriores ocupantes del sótano abrieron para entrar hacia la ampliación que hicieron y se llevó la corriente. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
  • Isabel Lugo aún no comenzaba a empacar este martes. Dice que no tiene para dónde irse. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
    Isabel Lugo aún no comenzaba a empacar este martes. Dice que no tiene para dónde irse. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
hace 3 horas
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El dicho de que la procesión va por dentro bien le calza a un edificio de cuatro pisos y un sótano, aparentemente la construcción más esplendorosa de la carrera 37 con calle 55, en el barrio Boston de Medellín, que este jueves tendría que ser desalojada por sus habitantes, porque según los organismos de control de desastres genera riesgo.

Aquí se pone en evidencia también la tensión entre una orden que busca proteger la salud y la vida, con la necesidad de quienes no tienen más a dónde ir o dependen del producido por el arrendamiento de un inmueble para resolver sus necesidades vitales.

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El inventario de Margarita Gómez es elocuente: en el primer piso vive un músico y hay otro apartamento que estaba alquilado, que ya desocuparon y ha representado el único sustento de un hombre de 73 años con problemas de salud.

Esta última historia es similar a la del 202, pues Margarita paga de ahí la empleada doméstica de su madre que tiene 96 años.

El 201 es de un sacerdote y funciona como casa de paso para personas de pueblo de bajos recursos que viajan a hacer alguna vuelta a la ciudad; en el tercer piso reside una pareja con dos niños pequeños, más la familia de tres personas en el apartamento del fondo y un inquilino suyo en una piecita que independizaron. La casa prefabricada del cuarto piso es de una chocoana llamada Daniela Caicedo, su hijo y su nieto.

Como se expresaba antes, al ver la fachada de la construcción es difícil de entender qué es lo que pasa, pues de hecho se podría asegurar que con los zócalos azul turquesa, las chambranas y los ventanales, así como por sus cuatro pisos, es la más mostrona en medio dos casas de segundo nivel y una hilera de primeros pisos.

En este caso la procesión que va por dentro solo se advierte cuando uno baja a un sótano; de inmediato el murmullo de una corriente de agua se siente y un olor penetrante delata la cercanía de la quebrada La Aguadita.

Abajo es oscuro, las paredes lucen manchadas de óxido y el olor a humedad es rotundo, pero Juan Guillermo Betancur, el esposo de Margarita, quien ha tomado la vocería de los afectados, asegura que esto no ha representado ningún debilitamiento de los cimientos como para afirmar que el edificio representa riesgo.

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Daniela Caicedo tenía desde el martes parte de sus pertenencias empacadas, por si le toca salir. FOTO: NESTOR LÓPEZ
Daniela Caicedo tenía desde el martes parte de sus pertenencias empacadas, por si le toca salir. FOTO: NESTOR LÓPEZ

Existen dos órdenes de policía de 2021 y 2024 que disponen su evacuación y demolición, pero finalmente fue la Inspección 10B de Paz y Convivencia la que fijó este jueves como fecha perentoria para ejecutar estas medidas.

La inminencia de este momento genera zozobra en el edificio. Mientras que algunos empacan para cuando sea inevitable, otros permanecen como pasmados y apegados a que un milagro pueda evitarlo.

Daniela Caicedo, una chocoana de 61 años, llenó las maletas que tenía con la ropa y completó con bolsas de basura negras, por si le toca. Hace cuatro años es la dueña de una casa prefabricada en el cuarto y último piso de esta edificación y la comparte con su hijo –que es el único que trabaja en la familia- y un nieto de 11 años. Cuenta que para comprarla tuvo que vender otra casa que tenía en San Cristóbal y jamás el vendedor, “un señor de nombre Héctor”, le dijo nada del problema que rodeaba a la propiedad.

“No tenemos para dónde irnos; estamos buscando en arriendo, pero están muy costosos, de dos millones para arriba, y no nos alcanza con el trabajo de mi hijo”, apunta ella.

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Por su parte, Isabel Lugo, migrante venezolana, no da asomos de estar en modo trasteo, pues dice no tener para dónde irse con su esposo, un hijo de 12 años y su niña de 4.

Relata que hace seis o siete años vendió la casita que tenía en el Estado Aragua para adquirir este inmueble, un lugar seguro dónde estar en tierras lejanas a la suya, pero resulta que solo después se enteró que había adquirido también un problema.

“Me entristece mucho tener que desocupar porque supuestamente hay riesgo. Sin embargo, si usted ve las paredes de esta casa, no tienen humedad ni grietas; están totalmente sanas, incluso en el sótano. Nos quieren desalojar de nuestras viviendas y no nos ofrecen sino un arriendo temporal de 620.000 pesos que no suple nada. Nosotros invertimos aquí 70 millones, aparte de lo que le hemos metido en pinturas y arreglos”, se lamenta.

El día que todo cambió

En este edificio todos habían vivido tranquilos, pero hace poco más de cinco años todo cambió, porque una creciente de la quebrada produjo la destrucción de una losa y varios muros en la parte posterior.

Juan Guillermo Betancur señala el cauce de la quebrada que pasa por la parte posterior de la casa y los muros de contención; se nota también la puerta que los anteriores ocupantes del sótano abrieron para entrar hacia la ampliación que hicieron y se llevó la corriente. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
Juan Guillermo Betancur señala el cauce de la quebrada que pasa por la parte posterior de la casa y los muros de contención; se nota también la puerta que los anteriores ocupantes del sótano abrieron para entrar hacia la ampliación que hicieron y se llevó la corriente. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ

Resulta que la edificación es de hace unos 80 años y los dueños iniciales la hicieron sobre La Aguadita, construyendo muros de contención a lado y lado y dejando una altura de por lo menos seis metros hasta el primer piso con el fin de que el agua tuviera por donde trasegar.

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Sin embargo, quienes habitaban en el sótano quisieron ampliarse haciendo otra losa a unos dos metros sobre el lecho para aprovechar que les salía más barato porque los muros de contención servían de soporte, y adicionaron las divisiones en adobe para las habitaciones respectivas.

Ahí se combinaron varias cosas. Una habrían sido los desechos de otro edificio que levantaron aguas arriba, sobre el mismo cauce, que cayeron al cauce y formaron una barrera justo a la altura de la casa de cuatro pisos más sótano identificado con el número 55-40 de la carrera 37.

“Se creó un fenómeno de vacuidad por el aire comprimido y el material de arrastre. Entonces explotó y destruyó la losa. No hubo heridos. El agua estaba represada y se metió acá”. Así explica Juan Guillermo lo que ocurrió ese día y que ha repercutido en la tragedia que hoy los embarga.

Fuera de que la parte adicionada del sótano se fue con la borrasca, la original se inundó un metro y medio desde el piso.

Después vino el concepto del Dagrd (Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín) indicando riesgos alto de inundación y señalando factores de afectación como la posibilidad del “colapso de muros de carga al interior de la edificación dejando expuesta y vulnerable la zona sur oriental de la edificación”.

Además, dice que por la caída de esas paredes, el edificio “perdió el soporte de aproximadamente 1/3 de su estructura” y que dos columnas de concreto en el costado nororiental podrían resultar afectadas en el caso de ocurrir otro evento.

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Muy por el contrario, los voceros recalcan que lo que se vino abajo fue solo la ampliación, que la estructura es totalmente sólida, que no tiene ninguna fisura, y que prueba de ello es que se ha sostenido ocho décadas en pie y ya ha pasado también más de un lustro después de la inundación sin que pase nada más.

Isabel Lugo aún no comenzaba a empacar este martes. Dice que no tiene para dónde irse. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ
Isabel Lugo aún no comenzaba a empacar este martes. Dice que no tiene para dónde irse. FOTO: NÉSTOR LÓPEZ

Aseguran que lo que sucedió aquel día de enero se debió a factores exógenos, como el taponamiento de la quebrada más arriba y a los escombros que tumbaron la adición hecha tantos años después de la construcción original. Dicen también que así “lo acreditan dos informes de expertos, uno emitido por la empresa Hormigón Armado SAS en noviembre de 2024 y el otro por la Escuela de Construcción de la Universidad Nacional de Medellín del pasado 3 de junio”.

EL COLOMBIANO buscó la versión del Dagrd pero afirmaron que no se pronunciarían ya que la orden de desalojo no viene de ellos sino de una autoridad policial.

No obstante, una fuente cercana al Distrito aseguró que los argumentos y su sustento técnico por parte de los ocupantes del inmueble no fueron presentados en el tiempo en que los requirieron.

Daniela y los demás ya tienen la notificación de que el edificio deberá estar desocupado máximo este jueves a las seis de la mañana, quedando eso sí, la posibilidad de que continúen su alegato por los medios oficiales para argumentar por qué no es necesaria la demolición y de pronto poder retornar.

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Bloque de preguntas y respuestas:

¿Por qué desalojarán a nueve familias de un edificio en el barrio Boston de Medellín?
Nueve familias deberán desalojar un edificio ubicado en el barrio Boston, en Medellín, debido a una orden de la Inspección 10B de Paz y Convivencia sustentada en conceptos técnicos que advierten riesgo alto de inundación y posibles afectaciones estructurales asociadas a la quebrada La Aguadita.
¿Qué riesgos encontró el Dagrd en el edificio que será desalojado en el barrio Boston?
El Dagrd identificó riesgo alto de inundación, pérdida parcial del soporte estructural y vulnerabilidad en algunos muros y columnas del edificio, especialmente tras la creciente de la quebrada La Aguadita ocurrida hace más de cinco años.
¿Qué ocurrió con el edificio del barrio Boston tras la creciente de la quebrada La Aguadita?
Hace más de cinco años una creciente de la quebrada La Aguadita destruyó una losa y varios muros en el sótano del inmueble. Desde entonces, las autoridades emitieron conceptos técnicos y órdenes de evacuación por riesgo para sus habitantes.

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