Los muchachos cargan las problemáticas del barrio a cuestas. Los rodean todo el tiempo el consumo de drogas desde temprana edad, el espejismo de la “plata fácil” si abandonan el colegio y aceptan ingresar a los combos. Falta que alguien les muestre que hay oportunidades, que hay esperanza de tomar otra decisión. Esa precisamente es la misión del programa Parceros de la Alcaldía de Medellín, el cual busca prevenir el reclutamiento de grupos armados con acompañamiento psicosocial, oferta educativa y acceso a oportunidades laborales.
A la fecha, son 766 los niños y jóvenes que se encuentran en el programa, el cual tiene una inversión de $10.000 millones destinados a la atención de los subgrupos Parceros, Parceras y Parceritos.
El primero está destinado a jóvenes en situación de vulnerabilidad y violencia que terminan siendo presas fáciles de reclutamiento para las estructuras criminales de sus barrios. “Los Territoriales” o tutores del programa que van por todo el territorio acompañando a estos menores aseguran que la mayoría de jóvenes solo terminan la básica primaria, porque no ven el estudio como una forma de salir adelante.
Precisamente esta narrativa de la plata fácil es la que se combate con los jóvenes del programa, quienes además de no contar con escolarización, tienen antecedentes judiciales, lo que les aumenta las trabas para encontrar empleo.
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“Uno de nuestros jóvenes nunca tuvo un doliente en su familia, los papás lo dejaron a su suerte desde muy niño, teniendo que buscar solo su espacio. Ha pertenecido a diferentes bandas y, por fortuna, tomó la decisión de dejar este historial atrás y hacer parte de Parceros”, dijo la directora del programa, Paulina Patiño.
Se trata de un joven que desde muy pequeño se fue a Bogotá para hacer parte del Tren de Aragua; luego se fue a Urabá para estar en el Clan del Golfo y al volver a Medellín decidió abrirse paso como gota a gota y jíbaro de La Raya. Y, como si el tiempo que llevara dentro fuera proporcional a un ascenso de responsabilidades, los “duros” de la banda le dieron por primera vez un arma para que asesinara a un hombre que no pagó la vacuna en el barrio.
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Sin pensarlo dos veces, el joven de 19 años huyó cargado de droga y con el arma encima hasta que encontró un evento de la Alcaldía y le dijo a uno de los policías allí presentes: “Me quieren matar porque me volé y estoy cargado de droga”. Ahora es uno de los “Parceros” y desde el programa lo inscribieron en un proceso laboral para cambiar su vida.
“En Parceras tenemos mujeres víctimas de explotación sexual o en situación de violencia intrafamiliar”, explicó Patiño y agregó que el programa se ofrece en sectores como el Raudal, Parque Botero y Parque Lleras. Incluso, a la primera reunión de Parceras llegaron 70 mujeres, y la semana siguiente, por medio del voz a voz, contaron en el evento con 160. “Muchas de ellas nos dijeron que no asistieron pensando que era trata de personas y no un programa de la Alcaldía”, comentaron. En Parceros parten de la premisa de que todos los niños y jóvenes de Medellín deben ser vistos a los ojos. Y los jóvenes del programa comparten en su discurso que estar en él les ha dado una voz ante el mundo, y les ha mostrado que Medellín no es únicamente la cuadra del barrio.
Si bien la población que atiende el programa esta entre los 10 y los 28 años, el rango de edad para Parceritos es de los 10 a los 14. Según Maryori Tabares, psicóloga de los “Territoriales”, estos niños ya han empezado con el consumo de droga y han tenido las primeras interacciones con las bandas. Asimismo, el programa cuenta con cifras de deserción elevadas, pues un 28,34% de los jóvenes inscritos solo asistieron a una sesión y no volvieron, es decir, 303 jóvenes.
“Para uno movilizar a alguien, esa persona tiene que partir del deseo”, explicó Julián Ortiz, uno de los psicólogos “Territoriales” que empezó con un grupo de 84 niños y jóvenes; ahora solo tiene a 34. Los “Territoriales” explicaban que no era relevante la cantidad de jóvenes que salieran de estos patrones de consumo de drogas, pues desde que uno de ellos deje de consumir y retome el estudio o tenga un empleo, es suficiente. “No solo salvamos a un joven, sino también a su familia”, concluyó Patiño.