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José lleva una semana durmiendo en la calle y Rafael a veces se queda en un refugio donde le dan de comer. Como otros venezolanos que migran a Colombia padecen un rosario de penurias buscando empleo y un futuro mejor para sus familias.
Es casi la media noche y tanto José Flores como Rafael Mendoza deberán dormir a las puertas del albergue Centro de Migraciones de la Diócesis de Cúcuta, la ciudad fronteriza por donde llegaron desde Venezuela tratando de dejar atrás la severa crisis en su país y buscar oportunidades.
Flores, un pastelero de 50 años, agarró unos 10 dólares, una mochila con pocas cosas y dejó en su oriunda Maracay (norte venezolano) a su esposa y dos hijos para buscar empleo en Cúcuta, ciudad de unos 600.000 habitantes. Ya lleva una semana de búsqueda y nada.
“Como no tenemos plata para una pieza tenemos que dormir en la calle. Prácticamente somos como unos indigentes. A veces no nos bañamos, no comemos”, dice a la AFP este hombre, quien hace unos meses pesaba 80 kilos y hoy luce...