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Renee Nicole Macklin, la poeta que mató el ICE, la “policía” antiinmigrantes de Trump

La muerte de la poeta Renee Nicole Macklin-Good a manos de agentes de la policía de migración en Minneapolis ha desatado una ola de críticas sobre los límites de la fuerza letal en la actual política antiinmigrantes.

  • Renee Nicole Macklin, la poeta que mató el ICE, la “policía” antiinmigrantes de Trump
Daniel Rivera Marín

Editor General

hace 11 horas
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El miércoles por la mañana, Renee Nicole Macklin Good, de 37 años, acababa de dejar a su hijo de seis años en la escuela, minutos después, en una calle residencial le disparó dos veces una pistola 9 milímetros.

Good, una ciudadana estadounidense nacida en Colorado, poeta premiada y madre de tres hijos, murió en el asiento del conductor de su vehículo. El autor del disparo fue un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la “policía” empoderada por Donald Trump para perseguir a migrantes.

El incidente, capturado por cámaras de seguridad y teléfonos de transeúntes, no muestra el asalto a una base militar ni una persecución de alta velocidad. Muestra un carro sedán detenido en una calle nevada. Un agente se acerca a la puerta del conductor, forcejea con la manija. Cuando el vehículo comienza a avanzar lentamente —un acto que el gobierno ha calificado como “intento de embestida”—, un segundo agente, posicionado frente al capó, desenfunda y dispara a quemarropa a través del parabrisas.

Luego del tiroteo, se activó la maquinaria retórica de la administración Trump y sus seguidores. Funcionarios federales describieron a Good como una “terrorista doméstica” que intentó asesinar a agentes de la ley. Es una etiqueta que contrasta violentamente con el registro público de una mujer cuya única mancha en su historial era una multa de tráfico.

Renee Good no era una activista de primera línea ni una estratega de la insurgencia. Era una graduada de la Universidad Old Dominion que en 2020 ganó un premio de escritura creativa. Sus redes sociales, ahora convertidas en un memorial digital, la muestran como una mujer que hacía “arte desordenado” con sus hijos, que compartía consejos de decoración y que, tras enviudar en 2023, intentaba reconstruir su vida en Minneapolis junto a su nueva pareja.“Era pura luz solar”, escribió Mattie Weiss, organizadora de una recaudación de fondos para la familia que ya supera los 600.000 dólares. Pero en el ecosistema político actual, la luz solar es un estorbo para la narrativa del orden. La muerte de Good es el síntoma más agudo de una política migratoria que ha borrado las fronteras entre el control aduanero y la seguridad nacional, permitiendo que agentes federales operen en vecindarios civiles con la mentalidad de un teatro de guerra.

Minneapolis, una ciudad que aún arrastra las cicatrices del caso George Floyd, ha vuelto a estallar. Pero esta vez, el objeto de la ira no es la policía local, sino una fuerza federal que actúa con una autonomía que preocupa incluso a las autoridades estatales. El gobernador de Minnesota ha calificado la imprudencia del operativo como la causa directa de la tragedia.

El video posterior al disparo es difícil de ver. Una mujer, identificada como la pareja de Good, se sienta en la nieve junto al auto, meciéndose mientras grita: “¡Es mi esposa, no sé qué hacer!”. Es el sonido del desamparo absoluto en un país donde ser “vecino” ya no es garantía de seguridad si te cruzas en el camino de un operativo federal.

Joan Rose, una antigua vecina de Good en Kansas City, intentó explicar a los medios la disonancia entre la versión oficial y la realidad: “No era una terrorista. No era una extremista. Era una mamá que amaba a sus hijos”. Sin embargo, bajo la lógica de la actual “limpieza” migratoria, la distinción entre sospechoso y ciudadano parece haberse vuelto tan delgada como el cristal del parabrisas de Renee.

Una paz bajo sospecha

Para la revista TIME, este caso no es simplemente una estadística de brutalidad policial. Es el reflejo de una transformación profunda en la psique estadounidense. La muerte de una poeta blanca, cristiana y ciudadana a manos de una agencia creada para perseguir extranjeros ilegales revela que el aparato de represión, una vez desplegado, no discrimina por pasaporte.

Renee Nicole Macklin Good solía decir que estaba “experimentando Minneapolis”. Sus poemas hablaban de la libertad, el amor y la paz, valores que el presidente de su universidad, Brian O. Hemphill, citó en un comunicado de duelo. Hoy, esos valores parecen estar en pausa.

Mientras el ICE mantiene a los agentes involucrados en licencia administrativa y el Departamento de Justicia prepara su defensa, Minneapolis se prepara para el entierro. Un niño de seis años se pregunta por qué su mamá no volvió después de dejarlo en clase. En la calle 34, las flores y las velas colocadas en la nieve son el único recordatorio de que, antes de ser un “objetivo” en un informe federal, Renee era una voz que buscaba la belleza en las palabras.

En la América de hoy, la poesía ha sido silenciada por el plomo, y el lodo del tráfico finalmente ha cubierto la nieve blanca del miércoles por la mañana.

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