El expresidente de Cataluña y hasta hace unos días principal candidato a la reelección, Artur Mas, renunció ayer a su acta de diputado regional del Parlamento catalán en pleno desafío independentista.
Mas dio el pasado sábado, 9 de enero, un “paso a un lado” en pos de Carles Puigdemont, que fue elegido in extremis como presidente catalán, tras el acuerdo alcanzado entre Junts pel Sí -formada por heterogéneas formaciones políticas- y el partido de izquierda radical CUP.
Este acuerdo de último momento entre estas formaciones que impulsan el proceso independentista de Cataluña (región noreste), evitó la convocatoria de nuevos comicios regionales, luego de meses de fallidas negociaciones.
Hasta entonces el principal escollo en las negociaciones era el propio Mas, candidato de Junts pel si, al que la CUP rechazaba por su relación con casos de corrupción y una política de recortes en el gasto social.
Con la entrega de su acta, Mas pierde la condición de “aforado”, una situación jurídica especial de la que disfrutan los políticos españoles electos y que implica que en el caso de ser procesado solo podrá juzgarle el Tribunal Supremo, sin pasar por otras jurisdicciones ordinarias.
El expresidente regional se encuentra investigado por la organización de una consulta independentista el 9 de noviembre de 2014 en la región de Cataluña, que el Ejecutivo español consideró ilegal.
En medio de este panorama político agitado, el futuro vicepresidente de Cataluña, Oriol Junqueras, sostuvo que en los próximos días se buscará que el Estado español resuelva los presupuesto de la comunidad de manera definitiva. A esto se suma que durante el acto de posesión, Carles Puigdemont evitó mencionar la Constitución española y al rey Felipe VI, lo que pone más tensión entre las partes.
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