Pico y Placa Medellín
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El nacionalismo estúpido y los prejuicios, parecieron transformar a Gran Bretaña en un paisito tercermundista. Dicha decisión perjudicará más a la nación que a la UE.
Viví muchos años en Londres y allí aprendí a admirar las virtudes inglesas: el pragmatismo que vacuna a sus ciudadanos contra los fanatismos ideológicos, su individualismo, sostén de sus excéntricos, su espíritu tolerante y democrático, su respeto por las instituciones, las leyes y las tradiciones. En los días anteriores al referéndum estuve allí y todas aquellas virtudes brillaron por su ausencia; tanto, que me pareció estar en otro país. Un país enconado, presa de la demagogia nacionalista más ridícula y xenófoba, vertida a raudales por defensores del Brexit.
Estos presentaban la salida del Reino Unido de la Unión Europea como “la recuperación de la independencia”, una panacea de la que Gran Bretaña obtendría la prosperidad y el absoluto control de una inmigración que Nigel Farage, el líder del Partido por la Independencia, mostraba en un cartel racista como una invasión enloquecida de subdesarrollados negros, mulatos, africanos y asiáticos, a la vez que el exalcalde de Londres, Boris...