La soledad lo abraza y el viento quedó atrás. El camino adelante está vacío. No hay movimiento cercano ni lejano. El confín del Sistema Solar. Un adiós.
Voyager 1, el objeto humano que más lejos ha llegado, acaba de enviar datos sorprendentes: el viento solar dejó de soplar. La nave transita por la heliopausa, la frontera de nuestro entorno planetario.
La sonda, que se desplaza a 17 kilómetros/segundo, se encuentra a 17.422 millones de kilómetros de la Tierra, cerca de 115 veces la distancia Tierra-Sol. El viaje ha sido fructífero. Con más de 22.000 millones de kilómetros recorridos en su tránsito por varios planetas, en los que encontró sorpresas y maravillas, Voyager 1 no se detiene y aporta nuevos datos al conocimiento humano. En unos cinco años, entrará en el espacio interestelar, camino a otra estrella.
Un poco más atrás, por sendero diferente, Voyager 2 también avanza. Fue lanzada dos semanas antes que la 1 en 1977. Se encuentran aún en la burbuja creada por el viento solar alrededor del Sistema Solar, una corriente de partículas cargadas que irradian desde nuestra estrella a velocidades supersónicas de entre 1,6 y 3,2 millones de kilómetros por hora, una burbuja que existe, explica Edward Stone, el jefe de científicos de la misión, "porque un campo magnético proveniente del espacio exterior, quizás resultado de la explosión de una supernova hace 5 a 10 millones de años, empuja contra el viento solar".
Cuando este viento se aproxima a la frontera con el viento interestelar, se debe producir una onda de choque sónico, como cuando un avión supersónico cruza la barrera del sonido. Esta región la alcanzó la sonda en 2004, entrando en una zona donde el viento solar está siendo empujado hacia adentro.
En los últimos seis meses, la velocidad radial del viento solar fue cero. Cuando la velocidad de las partículas cargadas que golpean la parte exterior de Voyager 1 equiparó la velocidad de la nave, los científicos supieron que la velocidad del viento era cero. Ese dato llegó en junio y se ha confirmado este semestre.
No se creía que alcanzara esa región tan pronto. Los modelos tendrán que ser, por lo pronto, redimensionados.
Al dejar de soplar el viento, no termina la influencia del Sol. Podría alcanzar dos años luz, indica James Shirley en la Enciclopedia de Ciencias Planetarias.
La atracción gravitacional se extendería hasta cerca de 50.000 veces la distancia Tierra-Sol (0,8 años luz), donde terminaría la nube de Oort, un enorme enjambre de cuerpos como planetas menores, planetoides y cometas.
Pero son cálculos sin confirmación. Voyager 1 los va verificando a su paso. Quizás no haya tiempo de verificarlos todos. Hacia 2015, cuando se supone que entre al espacio interestelar, la fuente de energía de la sonda estará casi en el límite.
Suzanne Dodd, directora del proyecto, dice que el principal reto hoy es trabajar con los cada vez más escasos recursos de la sonda para recoger información del espacio interestelar.
Los generadores de radioisótopos, que utilizan el calor del plutonio para alimentar el sistema eléctrico, podrían morir en algún momento en los años 20.
Las dos sondas dejarán de enviar datos, pero, afirma Stone, quizás sobrevivirán a la raza humana.
Cuando dentro de cuatro o cinco mil millones de años el Sol se extinga y con él muera todo en la Tierra, seguirán por el espacio sin poder contarle a nadie sus hazañas, rumbo a un infinito insospechado portando un disco con música, saludos en varios idiomas e imágenes de la Tierra del siglo XX.
La Voyager 1 será, de seguro, la primera nave en viajar por el espacio interestelar. Un logro espectacular.
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