La frase aquella que dice "¡peligro, mujer al volante!", con la que los hombres pretenden ridiculizar a las damas que manejan carro, no se aplica para nada en Beatriz Sierra, la busetera de Sabaneta.
En el caso de esta mujer habría que decir lo contrario: "¡tranquilos, mujer al volante!", pues ella no es ninguna aparecida en la conducción y maneja con toda soltura y sobriedad.
Hace trece años que esta ama de casa, madre de Jennifer y John Alexánder, de 14 y 19 años, conduce carros grandes y por eso en la estación en la que se encuentra ahora, al frente de una buseta de la empresa Sotrames, en Sabaneta, se siente a sus anchas y además feliz.
-¡Claro!, manejar me encanta y lo hago con todo gusto, no siento dificultades-, responde cuando se le interroga si por ser mujer tiene más problemas en la vía.
Metida en el mundo de los carros desde niña debido a que su padre siempre tuvo buses y camiones, la goma por estar al volante se le fue volviendo una pasión.
Y esa pasión la llevó a conducir camiones y mulas para otras regiones, como Turbo y Cali. Y si alguien desafía las pésimas carreteras que comunican a Medellín con Urabá, es capaz de todo al frente de un carro. Mejor dicho, se lame las avenidas de Medellín sin dificultad.
Por eso su padre no tuvo problema en soltarle buses de su propiedad para que hiciera recorridos entre Sabaneta y Medellín. Y lo hizo con tal pasión y profesionalismo, que aunque no imaginó que se iba a quedar de busetera, resultó viviendo del oficio.
-Al mismo tiempo que me separé de mi esposo, empecé a manejar. Y lo he disfrutado mucho, desde niña tenía ese impulso por manejar carro-.
No es que se sienta la chacha de la carretera, pero cuenta un récord que no es cosa del otro mundo, aunque en el caso de un conductor de bus pesa mucho:
-Apenas tengo 10 choques en trece años, en realidad choquecitos sin importancia, y más por culpa de otros que mía, me ha ido bien-.
Tinto en La Doctora
En la actualidad, conduce una buseta integrada al Metro, entre la estación Itagüí y la vereda La Doctora, con un promedio de 13 ó 14 viajes al día, un itinerario agotador que se inicia a las 5:00 de la mañana y termina casi a las 10:00 de la noche.
-Me toca levantarme a las 4:00 y llego a la casa a las diez, pero no a dormir sino a prepararles la comida a mis hijos... están grandecitos, pero son mi responsabilidad y yo la asumo con mucho gusto-, expresa Beatriz, que sólo tiene una hora de descanso para almorzar. El resto del tiempo se la pasa de acá para allá en la buseta, que se ve nuevecita y es ajena.
Con esa rutina, es difícil que pueda disfrutar cosas distintas a dormir y medio abrazar a sus hijos, pues Beatriz sólo descansa los domingos. Un descanso que es también falacia, pues ese día se la pasa lavando y planchando los uniformes de toda la semana y es poco lo que puede salir a divertirse.
-Salimos muy poco porque no da tiempo. Me encanta la música, el cine, salir, pero no da tiempo. Lo más que hago a veces es tomarme una cerveza con los compañeros, pero no da para más-.
A sus 38 años, pese al extenso horario y lo estresante del oficio, la "Biata", como la llaman, luce radiante. Feliz. Las únicas lloradas se las pega cada 25 de agosto, cuando cumple años. Y nunca le preocupó que pudiera volverse culiseca o gorda por estar todo el día sentada en un bus.
-Ja, ja, ja, no, para nada, no tengo que aparentarle a nadie y además no me ha pasado eso, ja, ja, ja-.
Una peculiaridad de Beatriz y que la hace diferente es su amabilidad. Y el respeto por el pasajero. En los recorridos que hicimos con ella notamos que a todo el que se sube o se baja lo saluda o lo despide con un "buenos días" o "buenas tardes" y un "muchas gracias". Además, es de las que espera que el usuario se siente para emprender de nuevo la marcha. Su condición de mujer le ha dado esa delicadeza. Se nota en el modo de conducir.
-Por acá la velocidad es baja, son cuadras pequeñas y recorrido corto, pero me gusta más manejar para Medellín porque hay más guerreo, o sea más emoción, más distancia, y eso me agrada-.
Y obvio, no ha faltado el pasajero que la insultó, que le dijo su hijueputazo u otra palabrota parecida, pero ella lo ha asumido con tranquilidad, "porque uno no se puede igualar, le toca tragarse las palabras", afirma.
En La Doctora, algunas señoras la saludan y a veces, si va vacía, le sacan jugo o tinto. Ella siente que es la mejor retribución a su labor.
Entre más de 150 buseros de Sotrames y unos 4.000 del Valle de Aburrá, ella es la dama. Una de las menos de cinco que se conocen. Eso le da un caché, la hace un personaje atractivo para los periodistas, a los que nunca les dio entrevistas.
Yo tuve la suerte. Y subido en su buseta, la 499, me sentí a gusto. Su delicadeza al manejar, su educación y abnegación me hicieron darle un aplauso.
Y me animaron a decirle a la gente: si está esperando buseta y de pronto le para Beatriz, suba tranquilo. Más que una conductora, al volante va una dama. Una madre que hace todo por amor a sus hijos. Y eso vale oro.
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