Los antioqueños somos reconocidos por ser muy apegados a nuestras tradiciones de antaño. Por conservar legados y costumbres de generación en generación, lo cual ha enriquecido, sin duda, nuestra memoria e identidad cultural.
Sin embargo, ahora que han pasado los días de las festividades, es hora de hacer un balance, en forma de autoexamen para evaluar nuestra conducta durante estas fechas. En ese sentido, los antioqueños nos rajamos, porque aún conservamos tradiciones que en el contexto actual no son bien vistas y que nos causan un gran daño físico y moral. Tradiciones que en lugar de ponernos en un sitio privilegiado, nos someten ante la opinión pública, por hacernos ocupar penosos primeros puestos de tristes listados, como el de quemados y personas muertas por balas perdidas. Es deber de todos los antioqueños ser razonablemente críticos y ante este caso, no apegarnos al tradicionalismo, sino avanzar hacia celebraciones con una mayor dosis de responsabilidad y civismo.
Cuando hablo de tradiciones que nos traicionan, me refiero concretamente al uso de pólvora y globos elevados con una mecha ardiendo. También, al aberrante vicio de dar tiros al aire con armas de fuego al vaivén de la pólvora, que también es algo común por estos días.
Pero, ¿cómo aprendemos los antioqueños? Ya van más de 215 personas quemadas con pólvora en el departamento de Antioquia durante estas festividades, lo que representa un aumento de aproximadamente 10% frente a cifras del año pasado. Una vez más somos el departamento que más quemados aporta al consolidado nacional, lo cual debe darnos al menos vergüenza. Lo más triste de esto es que entre los afectados hay una gran cantidad de menores que sufren a temprana edad las consecuencias de las irresponsabilidades que cometen sus mayores. Niños que llevarán toda su vida la marca en su cuerpo que les dejó la tradición de su familia de manipular pólvora. Y no aprendemos. Tampoco hemos aprendido a dejar de elevar globos con mechas ardiendo, con haber casi quemado una buena parte del almacén Éxito de Envigado. A propósito, me contó un piloto recientemente, que en la aproximación al aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, es común tener que esquivar globos, lo cual pone en peligro la integridad de los ocupantes de las aeronaves. Crucemos los dedos para que nunca un globo vaya a causar un accidente aéreo. Tampoco aprendemos que las balas perdidas sí matan gente. Ya van varios fallecidos por causa de esta aberrante práctica común por estos días.
Tanto la pólvora como los globos parecen no estar prohibidos hoy por hoy, a pesar que en el papel sí lo están. Lo cierto es que estas malas prácticas no dan tregua y no presentan reducción alguna. Por el contrario, las cifras de quemados y heridos presentan un aumento con respecto a las cifras de 2010. La responsabilidad no está solamente en el control de las autoridades, sino también en la conciencia y en el buen comportamiento de cada uno de los ciudadanos.
Es triste ver cómo los antioqueños, tan amantes de las tradiciones que somos, estemos acabando con el sentido original de las festividades de la Navidad.
Hay que ver cómo se goza y se disfruta en otros sitios de estas celebraciones sin necesidad de acudir a los ingredientes que le hemos querido agregar los antioqueños a estas celebraciones.
De no cambiar esto, seguiremos viendo quemados, amputados y muertos por causa de nuestra forma de vivir estas fiestas. Después viene la resaca, y esperemos que no nos dé muy duro. Comportémonos, disfrutemos y evolucionemos. Las buenas tradiciones las mantendremos.
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