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Tanto amor a Medellín emboba

  • Tanto amor a Medellín emboba
04 de septiembre de 2011
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Me parece contraevidente el dictamen positivo de la encuesta Medellín cómo vamos , en particular sobre temas de seguridad y movilidad. Si a mí me solicitaran una opinión acerca de la realidad del departamento y me pusieran a escuchar al fondo el Himno Antioqueño, mi percepción sería más emocional que racional y realista: Antioqueño es Mi Dios, dice el bambuco de Héctor Ochoa.

De igual modo, si a los encuestados se les plantearon cuestiones clave sobre la vida urbana, pero también se les preguntó si se sentían orgullosos de su ciudad, ese orgullo, expresado por el 88%, distorsiona la visión objetiva, induce a reducirles gravedad a las circunstancias: ¡Cómo vamos a contradecirnos y a tirarnos en la imagen de Medellín, sobre todo ahora cuando el paisa es mal visto en otros lugares del país!

Tengo mucho más de medio siglo de autoridad moral para hablar bien y mal de Medellín y formarme un criterio sobre por quién debo votar en octubre. En líneas generales y pese a ciertos episodios casi anecdóticos, el Municipio ha sido bien administrado a lo largo y ancho de la historia. Ningún alcalde ha sido tan malo como para declararlo persona no grata. Varios han merecido la calificación de excelentes, así haya ejercido uno que otro paquete.

Los servicios de la administración a los ciudadanos han funcionado con regularidad. Rara vez falta el agua, se dañan los teléfonos o la luz titila o se apaga. En educación la mejoría es progresiva. Es cierto que el desempleo es angustioso y golpea duro cuando uno pasa por el centro y se conmueve con la cantidad de desocupados, signo patente de injusticia social. Abundan problemas y conflictos. La violencia juvenil es una pesadilla. Pero no se renuncia a la esperanza. Se multiplican diagnósticos responsables y van notándose soluciones eficientes. El Valle del Aburrá es un panorama de luces y sombras. No todo es luminoso. Tampoco es un territorio infernal.

Con todo, la percepción de la gente, el común sentir, la actitud general en un punto capital como el derecho a la vida, la integridad y la propiedad seguras, no pueden cambiarse por la encuesta de una empresa confiable pero orientada con un enfoque asertivo: Inquirirle a un ciudadano si se siente orgulloso de su ciudad, en el mismo cuestionario en que se le pregunta por problemas nucleares como los de seguridad y movilidad, es inducirlo a suavizar sus respuestas. Me resisto a creer que los habitantes de Medellín (representados por 1.521 hogares) seamos tan mentirosos que, vivimos quejándonos en cuanta reunión haya por el incremento de la inseguridad y la torturante congestión vial, pero el orgullo nos cohíba para sostenerle la verdad a un encuestador. Tanto amor por Medellín emboba.

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