Los augurios se han cumplido. Han rodado las cabezas de miles de políticos. En sentido figurado, claro está. El hastío del pueblo ante la situación que atraviesa España, sumida en la más profunda depresión del desempleo, ha estallado en las narices de los incompetentes, de los que gobiernan sólo para sus parroquias y de los que aún hoy creen que las ideologías sirven para enfrentar. La revolución cívica ha triunfado en las urnas para desesperación de buena parte de los antisistemas que todavía siguen acampados en la Puerta del Sol de Madrid, exigiendo que cambiemos nuestra democracia por un sistema cuyos cimientos son humo.
Los españoles hablaron el domingo pasado y lo hicieron bien claro. Primero para defender un modelo que, con sus muchos fallos, funciona. La elevada participación, mayor que en los anteriores comicios de 2007, refleja a las claras que la inmensa mayoría no respalda las aventuras estivales de la chavalería postcomunista. Los resultados enseñan el camino a los "indignados" para lograr sus demandas (entre ellas la nacionalización de la banca, entre otras perlas): las urnas. Afortunadamente, España no es Egipto y aquí hay libertad para cambiar las cosas desde dentro. Así que ya saben, a desalojar la Puerta del Sol y a buscar trabajo. Ya han perdido mucho tiempo que podrían haber empleado en montar una empresa o un partido político. Quizá, por cierto, los "indignados" deberían preguntarse por qué su cualificación no da para los tiempos que corren en vez de echar las culpas de todo al Estado, que por lo visto tiene que darles casa, trabajo y ya de paso buscarles pareja mientras los demás se lo pagamos.
La segunda lección es incuestionable y es una patada en el trasero al presidente Zapatero. El vuelco en el mapa político municipal y autonómico es de proporciones tan gigantescas que el inquilino de La Moncloa debería estar ya haciendo las maletas aunque le quede un año más en el cargo. La derecha del Partido Popular ha obtenido los mejores resultados locales de su historia mientras los socialistas del PSOE han cosechado el mayor hundimiento que se les conoce. El PP lo ha logrado, además, con una participación elevada, quitándose el estigma que aseguraba que las urnas llenas favorecían a la izquierda. Los conservadores de Rajoy, quien por fin está legitimado para aspirar a la Presidencia, atesoran nada menos que dos millones de votos más que Zapatero y diez puntos porcentuales de ventaja, una mayoría absoluta clara. Por ganar, la derecha ha conquistado feudos tradicionales del enemigo como Castilla-La Mancha o Extremadura y arrasa de nuevo en Madrid y Valencia. Hasta Andalucía, bastión socialista desde que el mundo es mundo, ha cambiado de bando y el PP gana por primera vez en Badalona, una ciudad "obrera" próxima a la capital catalana. Todo el mapa es azul, incluida Navarra, salvo una dolorosa excepción. El País Vasco. Allí la marca política de ETA (Bildu) arrasa en la más secesionista de las tres provincias vascas (Guipúzcoa) y se convierte en segunda fuerza en votos y primera en concejales. El 25% de los electores vascos ha apoyado a los pro- etarras. Son más de los que yo esperaba, pero ese es el techo de los independentistas. ETA se lo agradecerá a Zapatero (que ha permitido a Bildu concurrir sin que los terroristas entreguen un arma) extendiendo la tregua hasta las generales. Pero cuidado, no todo el País Vasco es nacionalista: el PP gobernará la capital vasca, Vitoria. Si los asesinos lo permiten.
Por último, las urnas han emitido un veredicto: la crisis no tiene la culpa de todo. Así que, no siga hundiéndonos. #Váyase.sr.zapatero.
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