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San Carlos, un ejemplo nacional

El municipio de San Carlos, en el Oriente de Antioquia, logró pasar del destierro y la zozobra de sus habitantes a un retorno esperanzador con apoyo oficial. Hoy, además, está libre de minas.

  • ILUSTRACIÓN NATALIA GÓMEZ
    ILUSTRACIÓN NATALIA GÓMEZ
10 de octubre de 2013
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El domingo 24 de junio de 2007, el Comité de Reconciliación del municipio de San Carlos salió a las calles, acompañado por unos 200 pobladores, para pedirles un favor excepcional a sus coterráneos: ayudar a ubicar las fosas clandestinas en las que estaban enterrados, según datos de la Fiscalía entonces, unos 180 desaparecidos. Repartieron un mapa de las 78 veredas y le solicitaron a la gente que, sin dar su nombre, ubicara los entierros.

Entre 1998 y 2005, de San Carlos se marcharon, por la violencia de guerrilleros y paramilitares, 20 mil personas, el 80% de su población. Entre 2000 y 2004 hubo 17 masacres que dejaron 98 muertos. En ese período hubo un promedio de 392 asesinatos por año, el más alto del país, según su número de habitantes. San Carlos sufrió. Y mucho. Y muy solo, a su suerte.

¿Qué ha pasado para que San Carlos esté recuperando la esperanza, las ganas de salir adelante, la sonrisa? Allí se formó una callada pero eficaz y solidaria cadena de esfuerzos comunitarios y gubernamentales. Empezaron por negarse al olvido de sus muertos, de sus víctimas civiles. También comenzó un proceso de rectificación y transparencia institucional que tocó a la Alcaldía, al Concejo, a la Policía y a otras entidades permeadas por la presión e infiltración que los grupos armados ilegales ejercieron en aquellos tiempos aciagos.

Buscamos en la memoria de sus pobladores y descubrimos que los pocos que aguantaron aquella embestida de los ilegales, iban al médico a pedir calmantes para conseguir un poco de sueño al acostarse. Esa larga noche de sangre dejó centenares de viudas y huérfanos "con sus proyectos de vida destrozados, con sus ilusiones rotas". Un pasado luctuoso que San Carlos, poco a poco, está dejando atrás.

Y ese ejercicio de desintoxicación de los abusos del conflicto armado es el que ponemos como ejemplo de recuperación social, de cambio, de renovación y posiblemente de guía para otras comunidades, si Colombia logra entrar a una etapa de posconflicto.

Ya han regresado a San Carlos 12.3000 personas (unas 3.200 familias), según datos revelados esta semana durante la entrega de títulos y compromisos de reparación a los retornados. Este diario contó la historia de Eufrasio Valencia Martínez, quien, a sus 70 años, está lleno de esperanza porque recuperó su parcela de seis hectáreas y planea sembrar 12 mil plantas de plátano. Suena sencillo. Pero se trata del resultado de un esfuerzo colectivo: el de todos los estamentos y fuerzas ciudadanas de San Carlos. El mismo que saludamos por la luz que irradia sobre otro centenar de municipios del país arrasados por el conflicto armado interno.

Hoy, el Ejército y la Policía garantizan seguridad en aquella localidad y otra decena más de poblados del Oriente de Antioquia que, entre 1999 y 2003, veían desolada y fantasmal la Autopista Medellín-Bogotá.

Ahora San Carlos incluso está recuperando algo del valor turístico de sus charcos y quebradas. Sus fiestas y su variedad agrícola. Parecieran sucesos del orden provincial, pero se trata de una nueva realidad subregional que, creciente, sostenida y eficiente, puede llevar desarrollo y paz a su entorno, al departamento y al país. Hacemos nuestras unas palabras dichas esta semana por el general del Ejército Nicacio Martínez: quienes han sufrido la guerra son quienes más valoran la paz.

En San Carlos nos dan fe de ambas cosas, pero sobre todo de un mensaje de reconciliación y optimismo que ya quisiéramos poner en práctica en cada rincón del país. Así, con esa sencillez y profundidad.

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