En casa había un perrito negro que odiaba al voceador de periódicos. Cada que él arrojaba el diario bajo la puerta, Káiser -así se llamaba aquel demonio cruzado de labrador y dálmata- lo molía con sus garras y colmillos. Era un desastre y una pena leer las noticias en esas páginas desbaratadas.
El bicho atentaba gravemente contra aquel afecto que siempre le hemos tenido al periódico en tantas familias, aun con los rezagos de tinta que nos deja en las manos. Sus dentelladas arrancaban de improviso el sorprendente don de la ubicuidad que tenía el periódico para contarnos las noticias más próximas y también los hechos de ultramar. Desde los esfuerzos por rescatar a los sobrevivientes de un alud en las laderas del Oriente de Medellín hasta las batallas emocionantes de Bernard Hinault y Lucho Herrera en el Tour de Francia.
Pero hoy se ciernen sobre la prensa de papel del mundo peligros mucho más graves que las mordidas de aquel can sin casta.
La masificación de internet y la proliferación de los adminículos que acceden a la red (teléfonos inteligentes, tabletas electrónicas y minicomputadores portátiles), sobre todo entre los jóvenes, nos convierten a los lectores de periódicos en exóticos ejemplares jurásicos.
Ya en el inicio de los años noventa la prensa mundial tuvo su primera gran crisis de identidad con los nuevos lenguajes que se anunciaban: el video y la TV por cable. A alguien, entonces, se le ocurrió encumbrar una máxima detestable: "que los periodistas escriban menos, para que la gente lea más". Cosa que, en efecto, no ocurrió. Sí sucedió que los periódicos se llenaron de viñetas, títulos gigantescos y mutilaron sus contenidos hasta llegar al peligroso límite de las noticias sin contexto y sin valor agregado alguno.
Asistimos a una revolución cosmética que quiso convertir a la prensa en un apéndice de los medios audiovisuales y que pretendió re-crear pantallas de TV en las páginas de los diarios.
En estos tiempos más sellados por el apocalipsis que desencadena el desarrollo tecnológico avasallante del mundo virtual, la prensa de papel siente la soga al cuello.
Sin embargo, expertos como Mark Challinor, de la consultora g8wave , advierten para felicidad nuestra -los de la cofradía del periódico entintado-, que la prensa escrita, incluso con sus 200 años de tradición, "será eterna" y que "el papel tendrá gran valor en el futuro".
Ayer escuchaba a Iñaki Palacios, un asesor del grupo Cases i Associats, de paso por Medellín, quien aconsejaba que, por lo pronto, los periódicos deben parecerse a lo que son: periódicos. Hasta ahora no saltan a escena otros medios que remplacen su contrato social y de lectura. El tiempo dirá qué ecuación comercial y periodística será la adecuada para combinar eficazmente las redacciones de papel y las electrónicas.
El secreto de todo, mientras que la virtualidad no nos haya doblegado, estará en hacer buen periodismo y periódicos de esos infaltables. Esos que esperan, bajo la puerta de casa, el perro y sus amos.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8