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Primera vez que ambas partes superan la retórica

En Caracas, Tlaxcala y el Caguán apenas hubo prólogos y exploración. Hoy hay una base cierta para reducir la incredulidad.

  • Primera vez que ambas partes superan la retórica | En Oslo, Noruega, el 18 de octubre de 2012, el inicio del diálogo fue tenso y frío. FOTO ARCHIVO
    Primera vez que ambas partes superan la retórica | En Oslo, Noruega, el 18 de octubre de 2012, el inicio del diálogo fue tenso y frío. FOTO ARCHIVO
26 de mayo de 2013
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El anuncio del acuerdo sobre el primer punto de la agenda Gobierno-Farc, sobre la propiedad, uso y explotación de la tierra y los recursos naturales, debe tomarse con cautela, pero no deja de ser un hecho cumplido, y concreto, que prueba el avance en la mesa de conversaciones.

No hay que olvidar que ese acuerdo está amarrado a una frase que ya ha hecho carrera en el actual proceso de negociación: "nada está acordado, hasta que todo esté acordado". Eso quiere decir que el acuerdo ya es un ser vivo, pero que aún tiene su cordón umbilical conectado a la solución exitosa de los otros cuatro puntos del plan trazado por las partes para la terminación del conflicto armado en Colombia.

En lógica sencilla: si falla la negociación de uno de los puntos que faltan, este primero muere. Y, por supuesto, moriría, junto con él, el proceso.

La lectura de este logro depende de si se quiere ver el vaso medio lleno o medio vacío. Aquí ajustan, por ejemplo, las palabras del senador Armando Benedetti, quien aseguró ayer que el punto de tierras equivale al 60 por ciento de la totalidad de las discusiones. O se puede retomar la frase del analista Alfredo Rangel, quien sostuvo una semana atrás que el Gobierno estaba dispuesto a un acuerdo de tierras, por elemental que fuese, para ponerlo en "la galería".

Pero entre apuntes de respaldo y oposición, destaca que por ahora el Gobierno y las Farc les ponen freno de mano a las críticas asociadas al hecho de que este primer acuerdo les llevó seis meses. ¿Cuánto durará el resto? Según el Ejecutivo, no debe pasar de 2013. Según las Farc, no puede haber tiempos predeterminados. Y según buena parte de los colombianos: no puede haber más frustraciones ni engaños eternos.

Anestesiar la incredulidad de la opinión pública no es fácil. Por eso es de resaltar que ayer los países garantes (Cuba y Noruega) presidieron la presentación del acuerdo con el ánimo explícito de transmitir confianza y seriedad. Es decir, es cierto: por primera vez, en un hecho que se antoja histórico, el Gobierno y las Farc pasaron de las palabras a los términos específicos de un pacto. Y ello en un tema tan complejo como el conflicto mismo: el de la tierra.

Se descubre muy calculada por las partes, eso sí, la manera fragmentaria y parcial en que dieron a conocer los contenidos del acuerdo. Hay una intención: transmitir el mensaje de que sí se avanza, pero pareciera que se quiere blindar el núcleo del acuerdo de críticas prematuras que sitúen el contenido del mismo en el debate electoral por la Presidencia que prendió motores y que tiene en los diálogos de paz un asunto crítico para las polémicas entre Juan Manuel Santos y la oposición.

Más allá del acuerdo de tierras ya concretado, ahora gravitarán con mayor fuerza temas que se convertirán en el meridiano de las controversias: la participación de las Farc en política y la responsabilidad (sin impunidad) de la guerrilla frente a las víctimas. En el pulso con sus más acérrimos críticos, Santos y su gobierno, y las mismas Farc si se quiere, apenas logran una victoria frágil y transitoria.

No obstante, en aquel camino que las partes comenzaron a transitar en Oslo, el 18 de octubre de 2012, empiezan a perder intensidad aquellas frases interpretadas por algunos como provocadoras y chocantes leídas por alias "Iván Márquez", que presagiaban un ambiente de mayor tensión y distancia entre las delegaciones en las jornadas de la mesa en Cuba.

Ese preámbulo en Noruega se correspondía con la opinión ciudadana en las encuestas: la mayoría quiere la paz, pero a su vez la mayoría descree de que la negociación tenga un final exitoso. Ahora se ha sorteado el primer punto. Un resultado que respalda y airea a Gobierno y Farc, pero que para la gente significa poco, aún muy poco.

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