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Piedad Esneda está en problemas

  • Cristina De Toro R. | Cristina De Toro R.
    Cristina De Toro R. | Cristina De Toro R.
29 de septiembre de 2010
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El inusitado revuelo causado por la sanción disciplinaria impuesta por la Procuraduría General de la Nación a la senadora Piedad Esneda Córdoba Ruiz es muy explicable, por tratarse del primer señalamiento formal que se le hace a un servidor público con esa investidura por sus "posibles nexos" con el grupo narcoguerrillero de las Farc, y también, porque la senadora se había convertido en símbolo de los intocables de este país.

Ella parecía pertenecer a una casta de ciudadanos diferente y privilegiada, a la que nadie podía osar ponerle cortapisas y, menos aún, correctivos.

Con Piedad Esneda pasó lo que pasa con los hijos malcriados, con esos niños de padres excesivamente permisivos que nunca les llaman la atención, no los corrigen y no les imponen límites oportunamente.

Esos niños que se enseñan a hacer lo que les viene en gana y después es casi imposible controlarlos.

Y, ni qué decir cuando ya nadie los soporta y alguien se atreve a castigarlos, la emprenden a gritos, patalean y hasta amenazan con irse de la casa o denunciar ante las autoridades protectoras de menores.

La senadora del turbante se acostumbró a hacer y deshacer a su antojo. Su insolencia desbordó todos los límites posibles. Ella, sin ningún empacho, y amparada en su fuero parlamentario, emprendió hace años la más descarada y vergonzosa campaña internacional de desprestigio contra Colombia y sus gobernantes, sin que nadie, hasta el momento, fuera capaz de ponerla en cintura.

Escasamente se oyeron voces de rechazo y nada más.

Ahora bien, sin desconocer los méritos que pudo haber tenido en el Congreso o en la liberación de algunos secuestrados, no dejó de ser muy llamativo y extremadamente molesto para un amplio sector de la opinión pública, ese edulcorado trato que mantuvo con los narcoguerrilleros, la insistencia en que se les diera el estatus de beligerantes y el que jamás les reprochara con severidad sus actos violentos. Tampoco le oímos nunca un llamado a deponer las armas o a que soltasen todos los secuestrados.

Naturalmente, y como era de esperarse, ahora que el señor procurador Alejandro Ordóñez le ha proferido una sanción disciplinaria y la ha destituido de su cargo, inhabilitándola además por 18 años para ejercer cargos gubernamentales, ella hizo pataleta, puso el grito en el cielo y se autoproclamó ante el mundo como víctima de una infame persecución política.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas como ella las pinta. Todo parece indicar que, por primera vez, Piedad Esneda Córdoba está en graves problemas y no propiamente de índole política. Las investigaciones que asisten al Procurador, parece que van bastante más allá de lo expresado por ella en el comunicado en el que da a entender que carecen de todo valor cuando afirma que son "sin respaldo probatorio, mérito jurídico alguno y, menos aún, valor moral y ético".

Ojalá, por el bien de Colombia y el suyo propio, la senadora del turbante consiga demostrar su inocencia.

De lo contrario, que se le siga el debido proceso y se le juzgue como se ha hecho con todos aquellos que han tenido nexos con otros grupos al margen de la ley.

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