A sus 26 años de edad, la estudiante de enfermería y madre de un niño de dos años, Julieth Carolina Donado Barrera, encontró la muerte destrozada por tres perros de las razas rottweilery pitbull.
Su muerte no pudo ser más espantosa. Por su furia, era imposible arrebatarles la presa a los animales entrenados para causar terror y matar. Para sorpresa, los perros habían matado a otras tres personas y seguían ahí, como "guardianes" de una propiedad y atacando a quien cruzara por su guarida de muerte. ¿Por qué con semejante antecedente las autoridades no habían hecho nada contra el dueño para evitar nuevas desgracias, acaso la Ley 746 de 2002 no da herramientas legales para exigir control a los propietarios de este tipo de fieras?
El miércoles, con una nueva muerte encima, los animales fueron sacrificados. Queda un huérfano y otra vida perdida. Cómo es posible que estas cosas ocurran. Lo que faltaba.
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