Desarrollar ejercicios de factorización con buenos resultados o hablar con propiedad de los accidentes geográficos de un país fueron opciones descartadas para ellos. Igual que la física o el cálculo. Jamás vislumbraron, ni de lejos, el ingreso a una universidad. Un síndrome con apellido raro hizo que algo no funcionara en su cerebro o en su cuerpo.
El aprendizaje regular fue para ellos una meta inalcanzable. Pero ¡qué carajos! Se fijaron otras, porque los estándares de éxito no tienen que ser sólo los socialmente aceptados. Así lo entendieron Juan David, Zoraida, David, Diana, Andrés Felipe, Natalia, las Camilas, Julián, Daniel, Carlos y otros jóvenes que se unieron para derribar barreras, congregados en Azul Ilusión, una corporación artística diferente que aboga por la inclusión y la igualdad. Sin sobreprotegerlos, potencia sus talentos y le dice ¡bah! a la discapacidad.
El nombre salió de una convocatoria entre los muchachos y sus familias, con el toque final de una agencia de publicidad amiga. El azul es símbolo de armonía, responsabilidad y constancia, valores que distinguen el trabajo de la Corporación. Pero a mí me transporta a un cielo sin nubes, a pesar del invierno social y excluyente que pretende ahogar sus sueños. De dientes para fuera somos comprensivos con las personas en situación de discapacidad, que no es lo mismo que discapacitados, pero en el fondo somos indiferentes con ellos. Tenemos una propensión cultural a cerrarles la puerta en las narices. ¿Incomprensión, miedo o indolencia? Enfermos nosotros, que les dirigimos sonrisas lastimeras, que creemos que son niños eternos, y que solapadamente los rotulamos de "especiales", por no decirles inservibles. Ni lo uno, ni lo otro. Ellos, como nosotros, se enamoran, sueñan, tienen logros, dificultades, derechos y deberes. Y también son laboralmente activos: En el grupo hay guías turísticos, deportistas de alto rendimiento y actrices que se desempeñan con lujo de competencia.
Su pasaporte para encajar dignamente en esta sociedad, que se arrodilla ante la perfección, es un repertorio de canciones que interpretan como profesionales sin diploma en el campo de la música. No en vano se codean con grupos tan reconocidos como Suramérica sin nada de complejos.
Sin ánimo de lucro, Azul Ilusión tampoco contempla el ánimo de pérdida. Se sostienen porque "Dios es grande", tienen benefactores y un departamento de mercadeo que ofrece presentaciones musicales en espacios públicos, culturales, académicos, educativos, parroquiales y empresariales.
El 3 de diciembre es el Día Internacional de las personas con discapacidad. Azul Ilusión dará un concierto el 29 de noviembre, a las 7:45 p.m., en La Casa de Crisanto (calle 63 B n° 32 E 39, Medellín). No sólo para recordar que ellos tienen un lugar en el mundo, sino para reunir amigos y fondos que les permitan empezar sin angustias económicas 2012.
Pensarán algunos que este artículo tiene cara de publirreportaje, y sí. A sus órdenes. Estamos para servirles en azulilusion007@gmail.com, teléfono 3425531. Publicidad solidaria no pagada, de corazón, para hacer posible lo imposible.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8