Más con ganas de garlar que de rezar, fui donde el padre Nicanor para hablar de la canonización de la madre Laura.
- Supongo, padre, que usted está feliz con la canonización de la primera santa colombiana. Ya era hora.
- Pues sí, aunque el ejemplo de santidad de santa Laura Montoya puede difuminarse en sentimientos no tan santos, pero sí muy antioqueños, como el negocio, el llamado turismo religioso, el fervor regionalista, el devocionismo milagrero y la tan cacareada "verraquera paisa", sí le estaba haciendo falta a nuestra Antioquia una inyección de vida religiosa en medio de la apatía que nos domina.
- A ver, tío, no me coja tonito de sermón y regañadera de cura de pueblo.
- Cambio entonces de tercio. Me gustó el paralelo que hiciste en tu columna del sábado entre la madre Laura y Santa Teresa.
- Pues, tío, que un lector escribió diciendo que no había tal, que la madre Laura fue una misionera y la madre Teresa una escritora y por lo tanto no había punto de comparación.
- Yo veo tan cercanas a Laura y Teresa, que creo que a nuestra santa casi se le puede endilgar el insulto, que terminó siendo loa, con que el nuncio del Papa en Madrid, Felipe Sega (1537-1590), se refirió a la carmelita española: "fémina inquieta y andariega, desobediente y contumaz".
-Toda gran personalidad, tío, y más si es mujer, suele ser perseguida y vilipendiada.
- Así es, sobrino. Ya habrás leído estos días sobre los problemas de Laura Montoya con la sociedad de su tiempo, con los carmelitas misioneros de Urabá, con obispos y con sacerdotes. Es un aspecto sobre el que habrá que ahondar para no equivocarse con la historia.
- Hay que ser valiente para no amilanarse y sacar adelante una obra tan difícil como fundar una comunidad religiosa.
- A Laura y Teresa, además de mujeres, las empareja su condición de fundadoras. Pero sobre todo lo que más las acerca es que la colombiana no desdice como escritora ante la gran autora del siglo XVI, las dos son místicas y contemplativas, las dos misioneras: una en las selvas colombianas del Darién, y la otra desde las trincheras de la oración. Los "indios" que cautivaron a la madre Laura, y cuya dignidad ella reivindicó, son descendientes de aquellos "infieles" de los que la fundadora del Carmelo oyó hablar a los misioneros que venían de las Indias y también a sus hermanos, primos y familiares que a estas tierras vinieron como aventureros.
- Misioneras contemplativas, como santa Laura y sus hijas, y contemplativas misioneras como Teresa y las carmelitas. Por algo la patrona de las misiones es santa Teresita, carmelita francesa de clausura, nacida en 1873, un año antes que la madre Laura.
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