Qué no se pierda la cordura. Las voces contrarias no son voces de enemigos.
En un país cada vez más polarizado como el nuestro, apreciar la diferencia y respetar los más disímiles conceptos es parte fundamental para lograr la anhelada paz, que todos clamamos con urgencia.
Pero vale la pena recordar que la consecución de esta requiere de mucho más que las buenas intenciones y las marchas. Se necesita, además de éstas, un gran compromiso. No es entendible, por eso, que las diferencias ideológicas, naturales entre los seres humanos, alimenten el odio.
¡Pilas con eso!
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