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Obama y Colombia, una política contradictoria

07 de junio de 2008
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La posición de Barack Obama frente a Colombia podría parecer contradictoria para muchos, pues mientras se opone al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, apoya fuertemente los esfuerzos de seguridad del Gobierno colombiano. Esa contradicción, sin embargo, no es percibida por el candidato demócrata y ni por muchos de los miembros de su partido.

Más que un desaire a Colombia, la postura de Obama en el acuerdo comercial debería ser entendida como un ejemplo desafortunado de la profundamente arraigada ansiedad de Estados Unidos por la globalización, particularmente por el libre comercio. Encuestas muestran que el público de Estados Unidos, diferente a la mayoría de colombianos y de latinoamericanos, es cada vez más resistente al libre comercio, una incertidumbre sólo agravada por los recientes problemas económicos.

La posición de Obama en los temas comerciales también se refleja en la intensa amargura del año electoral entre el Congreso Demócrata y la administración Republicana que reclama el TLC. Por cierto, Obama ha citado los registros de derechos humanos y la continua violencia contra sindicalistas como las razones para su oposición. Pero como candidato presidencial, Obama está también fuertemente influenciado por el escepticismo comercial dentro del partido demócrata y el rencor partidista en general.

Muchos analistas creen que si el senador por Illinois es elegido en noviembre estaría más abierto y dispuesto a encontrar un camino para aprobar el TLC. Las responsabilidades de gobernar difieren de aquellas de estar en campaña y su administración tendría problemas si no hace caso de un tratado firmado con un aliado de confianza. El rechazo rotundo es difícil de imaginar teniendo en cuenta los esfuerzos de los demócratas para evitar un voto a este término y las serias consecuencias que causaría esto para el posicionamiento de Estados Unidos en el mundo. Por supuesto, sería más fácil para Obama cambiar su posición de campaña y apoyar el TLC si él estuviera convencido de que Colombia está preparada para dar pasos más avanzados para reforzar el imperio de la ley y para reducir los niveles de impunidad.

Comparado con la política comercial, las consideraciones de Obama en seguridad nacional se ajustan mucho más de cerca a la dominante opinión colombiana. Los colombianos no se debieron sorprender cuando Obama emitió una declaración de apoyo acerca de la operación del 1 de marzo en el campamento de las Farc en territorio ecuatoriano. Después de todo, durante las primarias, trajo a colación el derecho que tiene Estados Unidos de buscar a Osama Bin Laden en Pakistán si ese gobierno no tenía la voluntad de cooperar. La posición de Obama mostró una línea dura en cuestiones de seguridad. Esa línea también es aplicable a la realidad colombiana.

Habiendo ganado la postulación del partido demócrata para la presidencia, quedan pocas dudas de que Obama es un político astuto. En Colombia eso significa una oposición al TLC y un respaldo a la cooperación en temas de seguridad. Si Obama es elegido presidente y dependiendo de cómo desarrolle sus políticas, 2009 podría traer el apoyo para ambos.

*Vicepresidente del Diálogo Interamericano

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