Más de 120 líderes y 200 ministros de exteriores del mundo tienen siete días para intentar juntar las piezas del entorno global más complicado de los últimos tiempos.
Cada uno tiene su silla reservada en el recinto de la Asamblea General de Naciones Unidas, que comenzó ayer en Nueva York, y el menú es tan variado como complejo: contempla el polémico programa nuclear iraní; el conflicto sirio; la tensión entre Occidente y el Islam desatada hace dos semanas; la crisis de la zona euro y el proceso de paz en Colombia.
Aunque la resolución de estos problemas no es la constante durante la Asamblea, ésta es ideal para que los líderes de países en conflicto busquen acercamientos y para que varias naciones coordinen políticas en relación con países o situaciones específicas.
“Es complicado saber qué ocurre realmente durante el debate anual de la Asamblea General, ya que mucho se negocia tras bambalinas. Se expresa un consenso general y eso es importante, pero lo que no se ofrece es una resolución”, explicó a AP Christopher Sabatini , director de Políticas para el Consejo de las Américas.
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