Colombia se prepara para despedir al Presidente que más ha producido polarización en la opinión pública. No se puede discutir que Álvaro Uribe es un líder que generó amores y odios. Y en esa dinámica la sociedad se dividió entre los que están junto a él, y los que están en su contra.
Hoy el país es otro para bien y para mal. La mejoría en unos frentes es realmente innegable, pero el deterioro en otros es indiscutible. Sus defensores resaltan sus aciertos, y sus detractores se paran en la otra orilla.
No hay claridad si logros de este gobierno son más grandes que su lista de errores, o si eso es al contrario. Y aunque pareciera no haber una respuesta universal en esa materia, lo que es claro es que en el momento en que Uribe asumió el mando, los problemas en los que se concentró eran los más urgentes.
El Presidente recibió un país con riesgos claros en el frente militar y de seguridad, y en eso trabajó exitosamente. Era el problema más urgente, pero no era el único tema del país.
En todo caso, el balance de ese tema es alentador: la guerrilla de las Farc se ha debilitado sustancialmente en su capacidad militar, ya pocos se refieren al, casi extinto, Eln, y los paramilitares perdieron su 'registro de marca' para convertirse en delincuencia común.
Ahora bien, el sustento económico de estos grupos terroristas se mantiene, convirtiendo al narcotráfico en un tema esencial sin que todavía haya tenido, o tenga, una solución clara en el país. Se puede concluir entonces que para acabar realmente con el problema de la guerrilla hay que solucionar el tema del narcotráfico. Y no es el caso.
Por otro lado la mejora en seguridad generó una confianza para los inversionistas extranjeros. Con eso Uribe restableció el dinamismo de la economía en un momento en que se necesitaba, pero sin aprovechar eso para resolver temas estructurales como la deuda pública, el atraso en el desarrollo de instraestructura y el empleo.
Una oportunidad de oro desperdiciada.
Así, aunque hubo una mejoría en el tema económico, en el frente social la deuda del gobierno es evidente entregando un país con una pobreza creciente, y ampliando la enorme brecha entre los colombianos ricos y pobres.
La política exterior no fue diferente. La credibilidad que el gobierno logró internamente pronto se reflejó en una mayor capacidad de acción en el exterior, pero supeditando esas relaciones a la agenda interna y poniéndolas al servicio de la Seguridad Democrática.
Colombia se aisló en la región, y el gobierno se escudó de eso debilitando la importancia que tienen las relaciones diplomáticas e internacionales, pero dejando algunas bases necesarias para que durante el gobierno entrante, la política exterior sea relanzada y se logre una evolución en la agenda.
De esta manera no podemos olvidar, más ahora esperando el gobierno de Santos, que por solucionar los problemas urgentes, se dejan de lado los temas importantes, y por mirar los importantes, se olvidan los debates esenciales.
No es una tarea solamente del gobierno, sino también de la opinión pública para entender que el país no puede seguir con una mirada cortoplacista, o apagando incendios, cuando se necesita una visualización de Estado, más que de gobierno, para los temas que definen el futuro y la competitividad de nuestra sociedad.
De todos.
Colombia debe concentrarse en los aspectos esenciales del futuro país, sobre todo después de ocho años de estar generando soluciones para los problemas urgentes.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8