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No más complicidad

08 de octubre de 2008
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Cuando alguien dijo que esta es tierra de Herodes, con el perdón de Herodes, no exageraba. Aquí las cifras dicen mucho sobre ese extraño carácter criminal que se ha vuelto costumbre: cortarle la vida a un bebé.

Sí, qué vergüenza. Vean: en Colombia murieron asesinados el año pasado 71 menores entre cero y cuatro años. Y 141 entre los cinco y los catorce en el mismo período. En total, 212. Algo así como 17 al mes, uno cada tercer día.

¿Qué, cerramos los ojos y decimos que no es tan grave? ¿Pedimos que no nos hagan mala prensa, con el cuento de que este es un país de niños felices cuando el promedio de casos de maltrato en este 2008 supera las 100 denuncias diarias? ¡Las 100 cada 24 horas!

Si es que ni siquiera los que vienen en camino son respetados. Este año, lo dice Bienestar Familiar, van 126 denuncias de agravios a quienes aún habitan en los vientres de sus madres.

Por eso, Luis Santiago debe ser más que un símbolo. Su sufrimiento conmovió al país, que no sólo echó unas cuantas lágrimas y condenó de antemano a su padre a los infiernos, sino que exigió justicia pronta, efectiva y sin rebajas.

Más allá de esa reacción emocional y del debate sobre si lo que conviene es la pena de muerte, la cadena perpetua o la mayor de las condenas establecidas en nuestros códigos, hay que hacer algo más importante: educar sin pausa.

Ahí está la historia de Marta Lucía Garzón, involucrada en el crimen de Chía y quien encarna ese círculo vicioso diabólico en que se levantan muchos colombianos. Fue violada a los cinco años y su vida transcurrió entre los golpes y la delincuencia. Muy joven terminó en la cárcel. Como ella, muchas son las víctimas que se convierten en victimarios.

Y de lo que también se trata es de cambiar un viejo modelo: el de la contemplación, el de la complacencia, mejor dicho, el de la complicidad.

Porque mientras una sociedad no reaccione y actúe, estamos fritos. ¿Cómo va a ser que Orlando Pelayo andaba buscando quién le secuestrara a su propio hijo y nadie lo denunció? ¿Y cómo va a ser que a diario observemos todo tipo de atropellos contra los menores y no movamos un dedo para denunciarlos?

"Mataron a Luis Santiago, él era hijo de todos nosotros", dijo una mujer en la calle. Y eso es lo que debemos hacer todos, sentir a los hijos de este país y del mundo como propios cada vez que el atropello aparezca.

Sobrero: Como Ivonne, la madre de Luis Santiago, otras madres siguen preguntándose: "¿por qué?". Son las madres de desaparecidos como los que terminaron enterrados en Ocaña.

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