Ni los gritos de Fernando El Pecoso Castro desde la línea técnica, ni el esfuerzo de los jugadores del equipo cuyabro pudieron detener la magia que Néider Morantes tiene en los pies.
Apenas, cuando los cerca de 500 espectadores que asistieron al Polideportivo Sur de Envigado, se acomodaban para ver el partido, el crack de la camisa número 8 embocó el balón, de tiro libre, en la red de la portería sur. Tremendo baldado de agua fría. Y otra obra de buen fútbol del volante.
Con la sutileza que lo caracteriza, Morantes impactó el balón con un gran gesto técnico a pocos metros de la línea que delimita el área.
De ahí en adelante él se encargó de manejar los hilos del equipo naranja en un partido que tuvo pocas llegadas de peligro en los arcos.
Dos tiros en los palos de los quindianos propiciados por Diego Martínez y Carlos Villagra inquietaron la portería de los del sur del Valle de Aburrá, en un juego calmado y bajo en emociones.
En el segundo tiempo, Néider frotó de nuevo su pierna derecha y en pase profundo habilitó a Carlos Chumi Álvarez que puso la puntilla a un cotejo que, sólo definía la diferencia entre dos equipos que pelean por no descender.