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Moderar el Entusiasmo

  • Rodrigo Botero Montoya | Rodrigo Botero Montoya
    Rodrigo Botero Montoya | Rodrigo Botero Montoya
21 de julio de 2010
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Albert Hirschman, el prestigioso analista del desarrollo económico, acuñó el término 'fracasomanía' para describir lo que él consideraba el excesivo pesimismo de ciertos intelectuales latinoamericanos respecto a los intentos de modernización en la región.

Esa actitud mental es contraproducente. Como afirma el filósofo italiano Antonio Gramsci, es difícil conservar el optimismo de la voluntad si prevalece el pesimismo del intelecto.

En su momento, el llamado de Hirschman a la mesura resultó ser oportuno. En la actualidad, sería necesario dar una voz de alerta respecto a la tendencia de algunos voceros latinoamericanos a utilizar una retórica triunfalista al celebrar los logros de la economía regional. Al parecer, el péndulo se ha desplazado de la fracasomanía a la euforia. Ambos extremos son inconvenientes. Así como resulta destructiva la actitud derrotista de pesimismo exacerbado, también es perjudicial para la necesaria profundización de las reformas económicas pendientes la postura intelectual auto-congratulatoria y complaciente.

Estas reflexiones se originan en las declaraciones recientes de voceros latinoamericanos y en el artículo publicado en el Financial Times de Londres del 7 de julio titulado Welcome to the Latin American Decade, (Bienvenidos a la década latinoamericana) de Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Es cierto que América Latina ha podido sortear sin mayores traumatismos la crisis financiera detonada por el colapso del mercado hipotecario en Estados Unidos. Con notables excepciones, los gobiernos han demostrado un manejo macroeconómico prudente: el nivel de endeudamiento externo es razonable; se han evitado grandes desequilibrios fiscales y monetarios. Hasta la fecha, no se registran procesos de hiperinflación, devaluaciones masivas o pánicos bancarios.

Dicho esto, resulta aconsejable proceder con cautela en los pronósticos, matizar los elogios, y hacer presentes ciertos caveats, o advertencias. La enorme diversidad de América Latina dificulta hacer generalizaciones válidas. Quienes destacan la mejoría que ha tenido lugar en el manejo macroeconómico regional, se refieren principalmente a Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, sin excluir a algunas naciones centroamericanas y del Caribe. Por restricciones institucionales o cordialidad diplomática, se abstienen de mencionar a Argentina, a Venezuela y a los demás integrantes del ALBA. Este grupo de países constituye una excepción cuya magnitud no debe soslayarse al dibujar un cuadro color de rosa del desempeño económico latinoamericano.

Venezuela y Argentina comparten la distinción de experimentar las tasas de inflación más altas del mundo. El gobierno venezolano culpa a la empresa privada por la inflación y el desabastecimiento.

A su turno, el gobierno argentino se rehúsa a reconocer la gravedad de la inflación y acude al recurso de falsear las estadísticas oficiales sobre el índice de precios.

El presidente Chávez afirma que una caída del PIB del orden de 5.8% lo tiene sin cuidado. Un régimen punitivo de control de cambios está desarticulando el aparato productivo venezolano y marchitando el sistema financiero. El riesgo país de estas dos naciones es tan alto que, para efectos prácticos, les impide el acceso a los mercados de capitales.

Hay factores adicionales que aconsejan privilegiar el tono menor sobre la hipérbole al describir los logros latinoamericanos. La región sigue siendo vulnerable a los cambios en el ciclo económico y a una eventual interrupción en los flujos de capitales.

La fortaleza del sector externo obedece en buena parte a los altos precios de los commodities y los productos energéticos. La historia reciente registra anuncios de bonanzas duraderas y de milagros económicos que resultaron ser prematuros.

Aún falta un largo trecho para superar el subdesarrollo y reducir las enormes desigualdades sociales existentes. Ya habrá tiempo para cantar victoria cuando América Latina haya enfrentado con éxito los retos de la modernidad.

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