Mística es amor, y amor es unidad de dos. Donde dos hacen uno, hay amor. Unidad cualitativa, unidad del corazón. Dios es amor porque hace unidad consigo mismo y con todos los seres de la creación.
El amor es el distintivo del hombre, imagen y semejanza de Dios. Quien cultiva solo sentimientos de amor, es fiel a sí mismo, y lo manifiesta por necesidad en lo que hace. "Que ya solo en amar es mi ejercicio", dice un cantar místico.
Hago lo que soy, soy lo que hago. Mi acción manifiesta lo que soy. Si me cultivo como criatura de amor, hago obras de amor, mi verdadera ética. Lo que tanto necesitamos hoy: que el amor se enseñoree del corazón, para que las obras sean de amor.
La crisis que padecemos proviene de desplazar el amor por los apegos, que nos cosifican, nos vuelven insensibles, cosa entre las cosas, lejos de toda humanidad. La codicia nos quita, casi sin darnos cuenta, el tesoro del amor.
Hombre cósmico de la cabeza a los pies, Francisco de Asís vivió la embriaguez del amor con toda la creación. Hermano sol, hermana luna, hermano fuego, hermano lobo. La fraternidad le brotaba de las entrañas; se mantenía haciendo unidad con todos los seres de la creación. En su presencia, el lobo cambiaba por mansedumbre su ferocidad. La mansedumbre del Papa Francisco, que tanto nos seduce hoy.
La fraternidad universal de Francisco es la mística. Hermanos que se aman tan entrañablemente que la vibración del uno es la vibración del otro, en sintonía total. Su cántico al hermano sol resulta embriagador. "Loado seas por toda criatura, mi Señor, / y en especial loado por el hermano sol". Cada palabra es un arrullo con acento rítmico de eternidad.
Mística y ética, palabras mágicas. Basta con constatar su uso creciente en todos los ámbitos. Mágicas. Dicen lo que callan, callan lo que dicen. Expresan la aspiración elemental del individuo: quién soy y qué hago, sabiendo que hago lo que soy y soy lo que hago.
Por sus frutos los conoceréis, afirmación elemental del evangelio. Un árbol malo no puede dar buenos frutos, y un árbol bueno no puede dar malos frutos. Mística y ética en impresionante unidad. Dime con quién andas y te diré quién eres. Me conmueve esta sabiduría. Por eso me dedico a andar con gente amorosa. Quiero que mi comportamiento, mi ética, tenga la garantía del amor.
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