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MADRE LAURA

  • MADRE LAURA |
    MADRE LAURA |
02 de mayo de 2013
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La Madre Laura (1874-1949) tuvo el instinto de lo divino, inclinación natural a percibir a Dios dándole amorosamente la existencia. Su vida entera fue puro apetito de divinidad.

Su autobiografía nos enseña a vivir la vida con el fondo del alma, que es poner el sello de lo divino en todo senti miento, pensamiento, palabra y acción. El lector se siente matriculado en una escuela elemental donde, casi sin darse cuenta, aprende a hacer de su vida pura transparencia divina.

En el capítulo segundo de su autobiografía habla de la mañana más bella de su vida, en el encuentro con unas hormigas que iban del hormiguero al árbol que deshojaban. Observaba el saludo que se daban cuando se encuentran, las veía dejar su carga, entregarla a otra, y entrar de nuevo por la boca del hormiguero. "Les quitaba la carga y me complacía en ayudarles llevándoles hojitas hasta la entrada de su mansión de tierra, en donde me las recibían las que salían de aquel misterioso hoyo".

Se entretenía "acariciándolas con gran cariño". De repente, "¡Ay… ¡Dios sabe… […] ¡Fui como herida por un rayo, yo no sé decir más… Aquel rayo fue un conocimiento de Dios y de sus grandezas, tan hondo, tan magnífico, tan amoroso, que hoy después de tanto estudiar y aprender, no sé más de Dios, que lo que supe entonces. ¿Cómo fue esto? ¡Imposible decirlo… Supe que había Dios, como lo sé ahora y mucho más intensamente; no sé decir más. Lo sentí por largo rato, sin saber cómo sentía, ni lo que sentía, ni pude hablar".

Es esta la literatura narrativa que conmueve al lector. Se siente implicado en lo que lee como si lo estuviera viviendo. El instinto divino acompaña al ser humano en cada paso del camino, que de repente lo pone a gritar y llorar de felicidad, como a Laura. "Sólo se ve bien con el corazón".

Es conmovedor el final. "Lloré mucho rato de alegría, de opresión amorosa, y grité. Miraba de nuevo al hormiguero, en él sentía a Dios, con una ternura desconocida. Volvía los ojos al cielo y gritaba, llamándolo como una loca. Lloraba porque no lo veía y gritaba más […] Un dolor que casi me mata".

Excelente maestra de escuela, Laura nos enseña la más elemental y fundamental de las lecciones: Dios nos lleva a las hormigas, más que ellas a Él. ¡La delicia ver tanta sabiduría en seres tan diminutos….

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