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Leyendo a Luis Eladio Pérez

02 de febrero de 2009
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De la lectura del libro de Luis Eladio Pérez titulado: 7 años secuestrado por las Farc, surgen numerosos interrogantes.  El mayor de ellos para quien escribe radica en conocer la capacidad militar real de las Farc.  Según las Fuerzas Armadas de Colombia, los hombres en armas de la guerrilla no pasan de ser unos 8.000. Para Luis Eladio tal cifra podría ascender todavía a unos 20.000 alzados en armas, resultado de multiplicar unos 80 frentes por los 250 hombres en promedio que integran cada uno de ellos. 

La experiencia cotidiana lo induce a uno a darle la razón a nuestras Fuerzas Armadas, porque la guerrilla sí se ausentó de muchas regiones, desaparecieron los retenes y los secuestros en la vías, el Ejército y la Policía están presentes en casi todos los rincones del país, por esto ya no se registra la destrucción de un pueblo semanal, los “mamertos” colombianos están hablando nuevamente de paz negociada, el descrédito internacional de la Farc no tiene precedentes….

El propio Luis Eladio nos narra cómo se acabó el Frente Segundo, encargado inicialmente de su secuestro y vigilancia.  “Imagino que los cogió la roya, porque además de desertar empezaron a morir… Al final, a los dos años, cuando me trasladaron dese el Ecuador, por Putumayo, por Tres Esquinas, cuando llegamos al Caquetá, ¿saben cuántos hombres iban conmigo? Quince. Y eso era todo. Eso era todo lo que quedaba del Frente Segundo… Al segundo día de haber llegado ahí apareció Fabián Ramírez y me dijo algo que me llamó mucho la atención: ”Usted es el único de los secuestrados que conoce el corazón de las Farc” Por todo ese trayecto recorrido por las zonas más difíciles, llenas de guerrilla y con los mayores recursos de la subversión”. 

Como prueba de lo que vi, recuerdo que “Pasando por un lugar que se llama Teteyé en Putumayo, que es una población muy pequeña. De pronto escuché el ruido de máquinas trabajando.  Pues se trataba de un pozo petrolero de propiedad de la guerrilla que no estaba escondido. Empleaban maquinaria rudimentaria, pero salía un producto en una condiciones de octanaje que no necesitaba proceso de refinación,  y lo pasaban directamente a los camiones y lo vendían como gasolina”.

En el libro no cesa de preguntarse Luis Eladio cómo fue que lo pasaron los 15 guerrilleros aludidos por frente a la base militar de Tres Equinas en una lancha de 200 caballos fuera de borda.  “Yo suponía que la zona de distensión había sido recuperada por el Ejército Colombiano, pero para mi sorpresa navegamos en el rio Caguán y transitamos, durante el día, por la autopista de tablones construida por la guerrilla. Porque la mayoría de las veces lo habíamos hecho de noche”.

“Pasamos por unas fincas hermosas, continúa Pérez, con pastizales inmensos y llenos de ganado. Ganado que podría ser de la guerrilla o controlado por ella… Recorrí dos horas en carro por tal carretera, y a lado y lado había guerrilla, y se pitaban y se saludaban con los guerrilleros que iban conmigo, cantidades de guerrilleros, ¿y el Ejército no sabia? ¿No conoce la zona?. ¿Por qué dicen mentiras al país sobre haber recuperado los 42.000 kilómetros cuadrados de la antigua zona de distención?”

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