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Las raíces intactas

05 de noviembre de 2008
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La muchedumbre que en Chía quería el linchamiento del padre del niño Santiago, buscaba un chivo expiatorio. Se le unieron los medios de comunicación y los promotores de una legislación severa, con cadena perpetua, o pena de muerte para asesinos y violadores de niños.

Menos grave, pero con igual pasión, fue la reacción de la fanaticada de la Selección Colombia, tras su derrota frente a Chile. El chivo expiatorio fue el entrenador Pinto, sobre quien aficionados y periodistas arrojaron todas las culpas.

El drástico retiro de los 27 militares, tras el escándalo de los mortales falsos positivos, les da a estos uniformados toda la apariencia de chivos expiatorios: sobre ellos recae toda la culpa de unas acciones que fueron posibles por la confluencia de causas tan diversas como la avidez de dinero, la exigencia de resultados, la idea aceptada de que el enemigo debe ser destruido, los laxos controles o la cómplice relación con los paramilitares. Múltiples causas con la posibilidad de otros tantos responsables, que finalmente se acumularon sobre las cabezas de los 27 sancionados.

Después de ellos, la renuncia del general Mario Montoya, también tuvo ese carácter. Los medios de comunicación habían arrojado sobre él variadas y pesadas culpas.

El pueblo de Israel mantuvo esa costumbre de sacrificar, en medio de vistosos rituales, un macho cabrío con la idea de mostrarle a Dios el arrepentimiento por los pecados de todos y de implorar su perdón. Una costumbre similar fue la de los aztecas en sus rituales de sacrificios humanos al dios sol.

Sean machos cabríos, ovejas o seres humanos, todos cumplen el mismo papel: al cargar con las culpas de todos, liberan al pueblo de toda responsabilidad y dejan intactas las raíces del mal.

Los de Chía, y con ellos la sociedad colombiana, encontrado el chivo expiatorio, se desentendieron de la desprotección de los niños que entre todos hemos fomentado al aceptar pasivamente que al niño se lo convierta en propiedad de sus padres o que en nombre de modernidades y liberaciones, se le haya privado de la protección del hogar con el desmantelamiento de la institución familiar, entre otras causas.

El entrenador destituido dejó tranquilos e indulgentes a los hinchas, que no insistieron en buscar las causas del desastre. Y la purga de los militares pareció resolver el problema complejo de los falsos positivos con su carga de engaños y mentiras, de desprecio por la vida y por los pobres, de falsas motivaciones y de desdén por la dignidad de las personas.

La institución del chivo expiatorio trae consigo, tras la eliminación ritual de la culpa, la convivencia con el mal. Sea desprotección de los niños, o debilidades de un equipo de fútbol, o la idea de que un ser humano puede ser medio para un ascenso, para una recompensa o para un logro político, son raíces que quedan intactas a pesar del sacrificio de los chivos expiatorios.

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