El antes y el después que marca la historia, sirve para alabar y desde luego para descalificar. Así como se sube a los denominados ídolos, también se les fustiga cuando fracasan.
Hoy, se puede ser una gran figura, y mañana el más villano. Son temas bien aplicables en el deporte, en el cual se pasa fácil de la euforia a la decepción.
Los seguidores del fútbol a nivel mundial, estaban bien seducidos, antes del Mundial de Sudáfrica, por nombres que llenaron los principales espacios en los medios de comunicación, avalados por sus grandes actuaciones en sus respectivos equipos.
¿Quién puede desconocer que Lionel Messi fue pieza fundamental en el título del Barcelona español? Su facilidad para jugar y hacer goles. En la Selección de Argentina, fue uno más, ni siquiera aparece en el listado de los goleadores, lo que significa que pasó en blanco.
Lo mismo sucedió con Wayne Rooney, en el Manchester United inglés, quien pasó a ser la gran figura cuando salió Ronaldo. Y lo hizo con lujo de detalles, saliendo como el goleador de la liga inglesa.
Sin haber sido el Cristiano Ronaldo del Manchester, en el Real Madrid siguió siendo la gran figura, solo que con Portugal fue toda una decepción y en el Mundial fue uno más, con el agravante que a su poco fútbol, le sumó la grosería.
En Brasil, uno de los favoritos, el que más sonaba era Kaká, pero el hombre del "jogo" bonito y elegante, siguió en su tónica de racha mala. También se puede agregar al arquero Julio César, campeón con el Inter, considerado el mejor del mundo, pero bien comprometido en la derrota con Holanda.
Como locales se esperaba más de Didier Drogba triunfador en el Chelsea, lo mismo que de Samuel Eto'o. Drogba se salva un poco por la lesión que sufrió antes de comenzar el evento.
De unos y otros, algunos en más proporción, se tendrá que decir que fueron los grandes fracasos del Mundial Sudáfrica 2010 al lado de técnicos como Dunga y Maradona.
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