De no haber sido porque era domingo, y de elecciones, la larga fila que se observaba en la esquina del Centro Histórico de la Ciudad de México, donde estaba instalado uno de los centros de votación, podría haberse confundido con tantas otras que se forman en la capital del país para ingresar a museos o parques, que son una veintena a lo largo y ancho de la avenida Reforma.
El ambiente electoral en esta capital, como sucede en los 32 Estados mexicanos, está lejos de parecerse a un domingo de elecciones en Colombia. No se ven grandes aglomeraciones de personas alrededor de los centros de votación ni mucho menos simpatizantes de los candidatos entregando propaganda electoral.
El colorido de las camisetas que identifican en muchas ocasiones a los partidos políticos, en Ciudad de México no se ve por ninguna parte. La gente no deja de hacer sus actividades cotidianas. Paralela a la larga fila de votantes cerca al centro histórico corría la ciclovía.
La ciudad, que había estado sometida al agite previo del cierre de campaña y a las grandes movilizaciones ciudadanas, incluida una gigantesca de la comunidad Lgtb, el sábado, parecía tan adormecida y quieta como esas filas de votantes que en tandas de a 10 ingresaban a las casillas electorales (cubículos de un metro cuadrado en donde apenas cabe el sufragante) para "presentar el examen".
Sí. Un examen democrático, porque el tarjetón electoral es complejo y permite múltiples posibilidades de marcación, lo que hace lenta la participación. De hecho, un votante se demoraba más de 10 minutos para depositar las distintas boletas (tarjetones) para elegir al Presidente, los congresistas, seis gobernadores y al Jefe de Gobierno del D.F., en el caso de Ciudad de México.
La lentitud en el proceso de votación generó tensiones y protestas entre los electores. Los puestos de votación para votantes de estados distintos a su lugar de residencia tienen un número definido de boletas (votos), que por ley es de 750.
Disidencia electoral
Diez minutos después llegó a ese sitio el expresidente colombiano César Gaviria, observador especial de la OEA. No se demoró más de cinco minutos en ese puesto de votación, pero tuvo que disponer algo más de 15 minutos para responder las preguntas de los periodistas y las quejas de los ciudadanos que ante su presencia demandaron el derecho a votar.
Fueron pocas las esperanzas que les dio el expresidente y muchos prefirieron romper la fila y abandonar su intención de votar. "Esto es lo que permite que los corruptos sigan gobernando al país", gritó un joven que llevaba no menos de dos horas y apenas había recorrido poco más de 100 metros de una fila de casi un kilómetro.
Muchos como él tomaron el mismo camino de la disidencia democrática y se fueron en todas las direcciones, no sin antes advertir que ya tenían otro programa: ver la final de la Eurocopa y llegar a casa antes de que se desgajara un aguacero que se veía venir sobre el horizonte de la ciudad. Media hora después, el agua se encargó del resto y en la fila sólo permanecían algunos adultos con sombrillas y un nutrido grupo de religiosas que durante la fila hablaban con Dios, rosario en mano.
Sobre las 3:00 de la tarde se mantenía una pertinaz llovizna, y el ambiente comenzó a sentirse más pesado e impredecible. Los reportes oficiales daban cuenta de normalidad en casi todo el territorio nacional, salvo dos hechos de violencia en el norte del país, donde personas presuntamente al servicio de los carteles de la droga, impidieron la instalación de casillas de votación y hurtaron material electoral.
Antes del cierre de la jornada electoral, a eso de las 5:30 de la tarde, en las inmediaciones del Instituto Federal Electoral, máxima autoridad en la materia, estalló pacíficamente otro movimiento como el de #Yosoy132, pero esta vez de ciudadanos "foráneos": #Yosoy751.
Ahí estaban algunos de los que desde tempranas horas se acercaron al puesto de votación del centro histórico pero no pudieron sufragar. Esos que no alcanzaron una de las 750 boletas. Esos que no pudieron ver la final de la Eurocopa. Esos que, de todas maneras, sí se mojaron con el aguacero. A alguien le harán falta sus votos. Sobre todo a la democracia mexicana.
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