Una Medellín más lluviosa y caliente. Una Antioquia sin bosques. La agricultura emproblemada.
Tres aristas con un mismo origen: el cambio global, que con sus incertidumbres y todo, golpea la región y el país.
Quedó en claro en el Seminario Agricultura y Cambio Climático, que a instancias de investigadores de la Universidad Nacional, el Politécnico Jaime Isaza y Carbono y Bosques, se cumplió en la Facultad de Ciencias Agropecuarias.
No todos los datos son precisos, pues falta información. No todas las proyecciones son seguras, por la misma razón y porque el clima es variable compleja, como ilustrara José Fernando Jiménez, experto en asuntos del clima.
Andrew Jarvis, científico del Centro de Investigación de Agricultura Tropical (Ciat), fue claro: sin importar la decisión de los políticos, es una realidad que hay que enfrentar. Seguirá, así se detengan hoy las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Hay, pese a estas aclaraciones, motivos para preocuparse. Y, lógico, espacio para mitigar el impacto y adaptarse.
En Antioquia quedaban a 2000, 347.000 hectáreas de bosque puro, frente a 2 millones de 1980, informó Sergio Orrego, quien presentó los cambios en la cobertura terrestre y usos del suelo.
Si a ese total se le aplicara la tasa de deforestación del 0,71 anual, cada año Antioquia estaría perdiendo 3.500 hectáreas de bosques.
La deforestación es la segunda causa de emisión de gases de efecto invernadero (GEI), con un 20 por ciento.
Los remanentes de bosque, ubicados en especial en la región norte y hacia el Atrato, tienen un 17 por ciento de probabilidad de permanecer en pie en 20 años.
Orrego estableció la relación de este proceso con el sistema vial y encontró, por ejemplo, que a 10 kilómetros de distancia un bosque tiene probabilidad del 42 por ciento de ser deforestado, mientras que a 60 es del 3 por ciento.
Una parte de la actividad se realiza no con arrasamiento sino con entresaca de especies forestales de valor para el explotador.
Si esta situación causa preocupación, no la provoca menos lo que podría suceder en el sector agrícola que detalló Jarvis.
El Ciat ha corrido numerosos modelos climáticos y tras cruzarlos, hay una mayor probabilidad de que, por citar un caso, en lo climático haya más lluvias en Antioquia, mientras el Caribe será más seco.
En la zona cafetera lloverá más, como en regiones donde se cultivan hortalizas, pero en aquellas con palma africana será más el calor.
El Ciat modeló lo que sucedería con el café en el Cauca. A 2050 quedaría poco en la zona donde hoy se cultiva, aunque en un extremo de ese departamento mejorarían las condiciones.
El aumento de 2 grados en la temperatura, previsto bajo los escenarios más moderados, significa ganar 440 metros de altura. Medellín tendría bajo esa perspectiva la temperatura que hoy tienen las poblaciones asentadas a 1.000-1.100 metros.
El fríjol, en ese ambiente, vivirá momentos críticos, indicó el experto.
Jiménez reveló cómo en unas 30 estaciones de medición, la temperatura mínima aumentó. La lluvia también se incrementó en 23, pero disminuyó en siete.
Los efectos del cambio climático se sienten sobre el país. En el seminario quedó la sensación de que hay que actuar, pero no en contravía de los hechos, como a veces pareciera se toman las decisiones en el sector agrícola.
"Aumentar el cambio climático es falta de ética", expresó Jiménez.
A 2010, informó Andrés Etter, investigador de la Javeriana, las emisiones de CO2 provenientes del cambio de usos de la tierra en los Llanos Orientales, habrán aumentado 30 por ciento con respecto a los años 70 y serán un 8 por ciento más altas que a 2007.
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