Tristeza y desolación causan las imágenes que el país conoció sobre la fuerte sequía que azota las sabanas de Paz de Ariporo y otros municipios del Casanare.
Es doloroso ver los cientos de cadáveres de chigüiros, reptiles o ganado vacuno que murieron de sed o cómo manadas de estas especies buscan agónicamente agua en la tierra seca.
La sequía extrema en el Casanare es repetitiva y se debe al cambio climático. Por eso, el Gobierno podría haber implementado planes de contingencia para minimizar sus efectos. Pero nada se hizo y ahora estamos lamentando esta inmensa tragedia ecológica.
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