Tres carpas que albergan personal médico y paramédico, filas ordenadas que no llevan al bongo, billares sin jugadores y salsa clásica con volumen de fiesta, avisan que en el Patio 2 de Bellavista es un día distinto.
El ambiente disipa tristezas, logra transformar algunos rostros adustos y concentra a los internos, en pequeños grupos, a los consultorios ambulantes en los que reciben atención en odontología, sexualidad segura, planificación familiar o se les toman muestras de laboratorio.
Para atender una de sus quejas mayores, junto con la del hacinamiento, ayer estuvieron cubiertos por el programa "La salud a los patios", que congregó un equipo interdisciplinario integrado por un odontólogo, una bacterióloga, un urólogo, un ortopedista, un enfermero jefe de promoción y prevención y cuatro enfermeras auxiliares de Caprecom.
El patio es un rectángulo a cielo abierto que los presos aprovechan para caminar y recibir el sol, en cuyo paredón resaltan los escudos del Medellín y Nacional, bajo los cuales están escritos los nombres de las mujeres de los internos, con mensajes de amor de pocas palabras: "Negra, te amo".
El del frente, de cuatro pisos de altura del edificio donde están los cambuches o dormitorios, es todo un mosaico de colores sobre la pared de adobe. De los barrotes de hierro de las pequeñas ventanas, penden bluyines, camisetas, cobijas, tendidos, tenis y hasta colchonetas recién lavadas para aprovechar las horas del sol furioso de ayer.
En la antesala del "consultorio" médico, Jorge Úsuga se queja de un problema que "puede ser de cálculos o del colon", pero le duele más el hacinamiento porque en esas condiciones no cree que alguien vaya a ser resocializado. "Toca recibir las visitas en el piso y no es digno", dice, aunque admite que está mejor que en Acacías (Meta), de donde lo remitieron.
Otro de los presos, Arturo Ceballos, miembro de la coordinación de D.H., cuenta que tuvieron una "epidemia de papera", pero que contaron con el apoyo de la nueva dirección del penal.
Su reproche mayor es el hacinamiento. "Es muy duro, a la gente le toca dormir en los pasillos y baños", dice, y sueña que quien llega lo haga a una cárcel tranquila.
Como directora de uno de los programas que trabaja en la resocialización, Fuerza Joven, de la Alcaldía de Medellín, Edilma Escobar Valencia, destaca que con el Inpec se adelanta la atención de los presos que están próximos a recuperar su libertad.
En los nueve meses anteriores se les prepara y se continúa con ellos en postpenados para incluirlos al sistema educativo y en actividades de generación de empleo. "Hay 60 proyectos productivos exitosos con ellos", afirma, y subraya que de las personas atendidas en Fuerza Joven no llegan a cuatro los que han reincidido en delincuencia.
Como en el Patio 2 son tantos -1.700 internos-, los guardias deben contener a los que no pasaron de la puerta principal en busca de atención.
Pero la sorpresiva visita que dejó a muchos con la boca de color rosado y a otros con puyazos en los brazos, seguro que fue todo un alivio para sus dolencias.
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