Hasta los estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana están aterrados con la forma cizañosa como algunos medios periodísticos del país informaron sobre la noticia de la semana pasada, sobre dos funcionarios de la universidad que pedían dinero a estudiantes para cambiarles las notas en el sistema. Estamos de acuerdo con que los hechos fueron graves y que en medio del caos que ha generado la corrupción en el país, la noticia es importante.
Pero la forma tan sensacionalista como casi todos los medios hicieron titulares y dieron la noticia, dejó indignada a la comunidad universitaria. Algunos medios llegaron a hablar de "banda que vendía notas en la universidad" y otros se refirieron a "todo un cartel delictivo". En emocionado tono de partido de fútbol una locutora desde Bogotá se refirió a "caso de corrupción universitaria". En su locuacidad y necesidad de crear escándalo para ganar sintonía, no tuvo el decoro de medir palabras. No es lo mismo hablar "de" corrupción universitaria, lo que supone un comportamiento general de la universidad, que hablar con precaución, y sin enjuiciar, sobre un caso "en" la universidad, que fue lo que pasó. Y así, poco a poco, la mañana noticiosa infló el hecho hasta una exageración que solo deja desinformación.
Claro que es un tema de corrupción que hay que corregir, no se niega. La institución lo entiende así y está tomando las medidas necesarias, pero con la cautela del que quiere hacer las cosas bien. Ni siquiera quien llega a un tribunal de justicia aceptando su culpabilidad, es declarado culpable; el tribunal hace toda la investigación hasta el final para determinar realmente qué pasó.
La idea no es evadir, sino investigar bien para no equivocarse, que es lo que está haciendo la UPB. En esta sociedad de vértigo los medios, vasallos del síndrome de ‘la chiva’, se equivocan en su afán de lucir togas para enjuiciar comportamientos, y por eso tantas veces destruyen nombres, vidas y honras. Además, sin importarles los daños que causan, tampoco miden el penetrante sabor de desconfianza que autogeneran (con esas ligerezas, ellos mismos desbaratan estrategias por conseguir nuevas audiencias).
El papel de juez desempeñado por medios periodísticos ese día, evidencia la forma tan nefasta como manejan la información en Colombia. Dos funcionarios no conforman un "cartel delictivo" ni una "banda" y, la ‘demora’ (a juicio de algunos) en tomar medidas drásticas solo significa una investigación sin juicios a priori, como sí hacen esos medios. Algunos colegas como que no aprenden que una palabra mal dicha es tan destructora como una bala perdida.
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