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La opción social de la educación

21 de febrero de 2010
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La propuesta polémica de vincular a los estudiantes como colaboradores de la fuerza pública en Medellín ha seguido causando reacciones diversas, algunas de ellas acompañadas de iniciativas y compromisos de trabajo por el futuro de la ciudad y sus jóvenes, como la que han examinado los rectores del G-8 de las universidades antioqueñas al insistir en el fortalecimiento de la vocación social.

El sector educativo no puede permanecer indiferente ante la realidad urbana problemática. El tiempo de la educación debe sincronizarse con el de la sociedad, en el estudio y la comprensión de los temas actuales que preocupan a los ciudadanos.

Los ocho rectores no comparten la idea de enrolar a los alumnos como informantes, pero plantean la necesidad y la urgencia, además del compromiso, de enfatizar en la formación de ciudadanía, la inculcación de normas de convivencia y la responsabilidad de cada ciudadano con la seguridad individual y colectiva.

Y van más allá los representantes de las instituciones universitarias que funcionan en Medellín. Se comprometen a impulsar proyectos de participación con las comunidades en un trabajo social eficiente. Cada área del saber, cada carrera, debe examinar posibilidades de reflexión y acción y proceder en consecuencia. Los grupos de investigación tienen en este aspecto un reto muy importante.

En virtud de un razonable pragmatismo, hoy en día no es aceptable ni ético abstraerse en digresiones, especulaciones o inventos carentes de sentido desde el punto de vista de la conveniencia para la sociedad.

Desde el ámbito educativo es necesario identificar y asimilar la opción social. Además de la dedicación al estudio de los problemas urbanos, las ocho universidades de la ciudad tienen de tiempo atrás programas concretos con las comunidades, unas más y otras menos, de acuerdo con las capacidades particulares.

Los realizan en forma silenciosa, sin alardear ni hacer alharaca, pero con resultados que pueden mostrar. Se asocian también con proyectos de la sociedad civil y del Estado en materias científica y tecnológica. El más novedoso es el de la Manzana de la Innovación y el Emprenderismo, respaldado por la Alcaldía.

Las universidades, en medio de circunstancias difíciles, han venido superando el antiguo aislamiento en las llamadas torres de marfil. Los programas y las funciones tradicionales de docencia, investigación y extensión deben ser pertinentes. No basta con asumir la condición de conciencia crítica. Es preciso pasar de las ideas a la acción, mediante programas que impliquen compromiso con el desarrollo integral de las comunidades.

La proactividad es un vocablo que todavía no está en el Diccionario. En el entorno académico se pronunciaba con recelo. La situación ha cambiado. Las universidades de hoy se esfuerzan por superar el sambenito que las descalificaba como centros de conflicto. Se esmeran por ser proactivas, por estudiar, comprender, proponer soluciones y participar. En Medellín, como se concluye por la actitud de los ocho rectores, recuerdan que la primera lealtad de los ciudadanos es con la propia ciudad.

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