El 2 de noviembre recordamos a nuestros queridos difuntos. Admiro a quien celebra así esta memoria: "Rogar a Dios por los difuntos es aprender como ellos a no desear más que a Dios, y encomendarnos a sus oraciones es reclamar para nosotros las gracias más puras de la santidad". (P. Broucker).
La memoria de los fieles difuntos, lejos de la tristeza, pone en el corazón el deseo inefable de Dios, y le otorga el júbilo de la cercanía divina, que es la santidad.
La vida no es como es, es como la vemos. Lo mismo la muerte. Ver es un arte que determina el modo de vivir.
Vivo como veo. Ver es tarea de responsabilidad infinita, en que participa cada célula del cuerpo y del alma. La Mona Lisa es concentración sutilísima de la mirada. Arroba a quien la contempla.
La muerte no existe, existimos los mortales, los moribundos, esos seres que van llegando por la muerte a la resurrección, prodigio que cada uno lleva consigo.
Nacemos, vivimos, morimos y resucitamos en cuerpo y alma simultánea y dinámicamente. Morir es acabar de nacer, llegar a la plenitud de la vida que es Dios. "Yo sé, Señor, que tú puedes prepararme en un instante para comparecer delante de ti". (S. Teresita).
Esta convicción le producía a Catalina de Génova, maravillosa mística medieval, una dicha inenarrable. "Cuando veo morir a una persona me digo: ¡Oh, qué cosas!
La muerte, que es una dimensión de la vida, nos enseña a vivir con amor y sin apegos. Para S. Teresa la muerte es la culminación de la vida. "Mira que el amor es fuerte; / vida, no me seas molesta, / mira que sólo me resta / para ganarte perderte. / Venga ya la dulce muerte, /el morir venga ligero / que muero porque no muero".
Lejos de los apegos, la muerte nos enseña a hacerlo todo con amor. Vamos a la vida a través de la muerte. "En viniendo la vida no queda rastro de muerte" , dice S. Juan de la Cruz.
Al ser querido que muere le ofrecemos el homenaje de vivir con alegría, admiración y gratitud, llenos de amor. "A la tarde compareceré delante de ti con las manos vacías" (S. Teresita). Así vivo preparado para el fin-plenitud: "Ven muerte tan escondida / que no te sienta venir / porque el placer del morir / no me vuelva a dar la vida".
*Monticelo, Centro de Mística.
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