Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

La libertad que da saber leer

Hoy se celebra el Día Internacional de la Alfabetización. Leer y escribir aportan libertad, ese es el mensaje.

  • La libertad que da saber leer | Con 79 años, Amelia Rosa Foronda asiste juiciosamente a clase. A la derecha, la profesora Julieth Ramírez, trabajando con una de las alumnas en el barrio La Avanzada, en el nororiente de Medellín. FOTO DONALDO ZULUAGA
    La libertad que da saber leer | Con 79 años, Amelia Rosa Foronda asiste juiciosamente a clase. A la derecha, la profesora Julieth Ramírez, trabajando con una de las alumnas en el barrio La Avanzada, en el nororiente de Medellín. FOTO DONALDO ZULUAGA
07 de septiembre de 2013
bookmark

El salón es un templo comedor en el barrio La Avanzada, al nororiente de Medellín. Mitad iglesia, mitad aula de clase.

La profe Leydi Ochoa, camisa verde, gafas, cola de caballo, 30 años, lee en voz alta El pequeño escribiente florentino, de Edmundo de Amicis. Afuera caen goterones, adentro, 40 personas siguen con atención la historia de Julio, el niño "de cabellos rubios y tez blanca, hijo mayor de cierto empleado de ferrocarriles" que se debate entre el deber y el amor al padre. Escuchan, sí, pero también podrían leerlo; si no ahora, quizá más tarde, porque esas cuarenta personas son estudiantes. Están aprendiendo a leer y a escribir. No son niños, sino adultos con ganas de saber.

Los que enseñan hacen parte de la Fundación Bienestar Humano. Su tarea es clara: aportar en la restitución de un derecho que ha sido negado históricamente a la población en condiciones de vulnerabilidad, el derecho a la educación.

Julieth Ramírez, asistente de coordinación y docente del Proyecto de Alfabetización de Adultos, explica que lo que se busca es que los estudiantes adquieran habilidades básicas en lectura, escritura y pensamiento matemático. Eso, que suena sencillo, sirve para abrirles el mundo: "Aprenden que hay más opciones, quieren seguir estudiando, saben que tienen derechos que no sabían que existían", cuenta.

Alfabetizar
En Colombia, de cada 100 personas mayores de 15 años seis son analfabetas. La tasa más alta de analfabetismo está en la región Atlántica con 10,4 por ciento, seguida de la región pacífica con 9,3%. En Antioquia esa tasa es del 4,6 por ciento.

Un 4,6 del que se escapó Amelia Rosa Foronda de Vélez. Los 79 años que suma no son un obstáculo para caminar las 15 cuadras que separan su casa del templo comedor.

"Me demoro unos 20 minutos, porque camino despacio". De figura menuda, sombrero y mochila terciada, Amelia tiene claro por qué volvió al estudio.

"Por la sencilla razón, muchachito, de que es importante y porque me gusta".

De la carpeta saca las tareas: un plegable sobre el cuerpo humano donde consta el sistema circulatorio, el respiratorio, el reproductivo; su cuaderno de notas y un diploma que exhibe con orgullo por su "fuerza demostrada durante el desarrollo del proyecto de alfabetización".

La lluvia no la espanta de la clase, porque "el agua no come gente", como les dice a sus nietos cuando los ve faltar al colegio cuando cae agua del cielo.

"Todavía me como unas letras, pero ahora puedo leer bien" y para la muestra saca de la carpeta el libro de fábulas de Rafael Pombo.

Se trabaja con la pedagogía del texto, explica Julieth, los adultos aprenden a leer desde su contexto social. "Van de la palabra, a la sílaba, a la letra". Y de la persona a la ciudad, para que aprendan sobre ellos, sobre su familia, su barrio... Finalmente, están cursando la primaria.

"Cuando terminan buscamos una institución educativa que pueda certificar el conocimiento adquirido y validen la primaria. Luego ya pueden participar en los cursos que ofrece el Sena, por ejemplo, que exigen leer, escribir y las cuatro operaciones básicas", explica Julieth.

El suyo es un trabajo que empezó en 2008 y ha pasado por Moravia, Altos de la Cruz, La Honda, San Antonio de Prado, San Lorenzo, Manrique La Cruz, Belén Rincón, Llanaditas, Santo Domingo Savio, Picacho, Popular 1 y Centro Día, entre otros. Solo este año se suman 232 beneficiados, 52 hombres y 175 mujeres.

"Hacemos sondeos en los barrios para ver cuáles son las necesidades, con perifoneo contamos cuándo empezarán los cursos, comienzan a venir unos que le cuentan a otros y así se arman los grupos de trabajo". Se ven nueve áreas obligatorias en 400 horas de trabajo presencial durante 40 semanales.

"Hay que avanzar y actualizarnos". Esa es la razón que da Luis Carlos de Ossa Restrepo para asistir a las clases en La Avanzada. Desplazado de Urabá, camionero, reparador empírico de conexiones eléctricas, a sus 53 Luis Carlos recuerda haber hecho algunos grados de primaria, pero quiere terminarla, "para no quedarse como el único rinconcito que no avanza en esta ciudad, para ser productivo, así sea en nuestra casa", opina con una sonrisa amable en el rostro, similar a la que compone Luz Celina Espinosa cuando cuenta que en su casa, cuando coge la carpeta para irse para clase, sus nietos dicen que ya se va la universitaria. A los 71 años, recuerda que le costó volver a la rutina de escribir.

"Es que uno en la casa no cogía el lápiz para nada, pero ahora sí, porque hay que hacer las tareas", trabajos que deben llevar cada lunes y jueves, los días que se dictan las clases allá en La Avanzada, en el salón que proporciona Promarginados, desde donde se tiene una vista privilegiada de Medellín.

"Este es un trabajo donde siempre estás acompañado, donde la gente te quiere mucho. Ver la transformación que le da el estudio a una persona es increíble", opina la profe Leydi, tiza en mano, lista para seguir la clase.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD