Álvaro Uribe está padeciendo lo que han tenido que sufrir quienes transforman la historia. Es el costo que pagan los héroes. Ataque, calumnia, veneno y ultraje contra ellos. Los enemigos no soportan los logros de estos grandes hombres. Y lo que más les duele es el amor que el pueblo siente por ellos. Y no es un fenómeno de ahora.
El 19 de septiembre de 1796 el pueblo norteamericano lamentó una noticia: George Washington no aspiraría a un tercer período presidencial. Los enemigos de Washington, felices, arreciaron los ataques en círculos políticos y mediáticos. Era obvio, ya iba de salida. El objetivo era maltratarlo, manosear su honra y enlodarlo. Tenían que destruirlo.
Por ejemplo, cuando se supo la noticia de la no continuidad de Washington, Tom Paine escribió una carta feroz celebrando la nueva realidad. La carta apareció en Aurora , publicación periodística de Benjamín Franklin. En la carta Paine llegó a pedir por su muerte y a decir: "El mundo estará perplejo al decidir si usted es un apóstata ó un impostor, si usted ha abandonado los buenos principios ó si usted alguna vez llegó a tenerlos".
Algunos otros artículos, exhibiendo documentos de inteligencia incautados a los británicos durante la guerra de independencia, llegaron a señalar a Washington como un infiltrado de los británicos que fue obligado a renunciar a la traición. Era el ruido de una minoría enemiga llena de determinación para destruir a Washington. Y estamos hablando de uno de los más grandes héroes de la historia mundial. De aquel que simboliza la libertad y la democracia.
Con Álvaro Uribe la historia se repite. Todos los ataques y ultrajes que ha sufrido, especialmente en los últimos meses, desde algunos medios de comunicación, desde columnas venenosas, desde ONG cómplices de las Farc, desde la tiranía en Venezuela, desde ciertos sectores de la justicia y, por supuesto, desde carteles de la mafia mimetizados en premios Nobel de Paz y mentirosos arrepentidos, son apenas el comienzo del costo que un héroe siempre termina pagando.
Pero el pueblo norteamericano no comió cuento cuando atacaron a Washington. Las voces de respaldo a su héroe fueron mayoritarias. Y ni qué decir de lo que hoy Washington representa para la humanidad.
El pueblo colombiano tampoco come cuento. Y la mejor prueba de ello fueron los resultados de la elección del pasado domingo. El respaldo incuestionable, absoluto y demoledor que recibió Juan Manuel Santos es una lección del pueblo colombiano a esa minoría rabiosa que quisiera ver acabado a nuestro Presidente. Una lección para esa minoría que hoy debe seguir revolcándose en el piso, iracunda, tras la gran desinflada verde. Una lección contra la mentira, el ultraje y la agresión de una minoría que odia a Colombia y a nuestro Presidente. Es la lección de la elección. Es decir, una gran e-lección.
Y la razón de la e-lección es muy simple. El pueblo colombiano siente infinita gratitud por el Presidente Uribe. Una gratitud que no es fortuita y que obedece a la gran transformación que ha vivido nuestro país durante los últimos años. En efecto, hoy las familias colombianas se sienten más seguras y con más posibilidades de trabajar y progresar. Y eso los colombianos no lo queremos cambiar. Y como no lo queremos cambiar, hemos elegido a Juan Manuel Santos.
La humanidad no se equivocó con Washington. El pueblo colombiano tampoco se ha equivocado con Álvaro Uribe. El costo que han querido hacer pagar al héroe se diluye con el amor y el respaldo absoluto del pueblo.
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