La majestuosidad de su arquitectura y las delicias gastronómicas son, quizá, los principales atractivos de Santa Cruz de Lorica, un municipio al norte de Córdoba que desde finales del siglo XIX y comienzos del XX se destacó como uno de los grandes puertos fluviales del país.
Llegar a su centro histórico es regresar en el tiempo para maravillarse con un estilo arquitectónico que funde lo republicano con lo mudéjar, mezcla de andaluz y árabe.
La primera evocación al recorrer sus calles en el centro remite de inmediato a Cartagena. Y es que de allí provino la inspiración. Según explican en la oficina de Turismo, debido a la importancia económica que tuvo este puerto, la mayoría de las edificaciones fueron modelos realizados por arquitectos cartageneros que plasmaron muchas de las características de su tierra.
En otros casos, explica Jorge Pote , comerciante, se vieron en la necesidad de complacer el gusto de un grupo considerable de inmigrantes libaneses que llegaron a formar parte de la sociedad. Claros ejemplos son los edificios Chequere y Fayad-El pastelillo, el Edificio Teresita Corrales de Manzur y el Edificio Enrique Caraballo Mogollón.
Visita obligada amerita el Mercado Público, ubicado a orillas del río Sinú, donde el visitante puede encontrar una variada muestra de delicias gastronómicas, como el revoltillo de bocachico que hace Marta Sánchez , con el pez rey de la zona, así como una amplia zona de artesanías.
Rodeado de edificaciones de gran valía histórica, el Mercado Público fue declarado, en 1996, Monumento Nacional, por el Ministerio de Educación. Cuatro años después el sector histórico pasó a ser de interés patrimonial.
Santacruz de Lorica hace parte de los primeros diez municipios de Colombia -de los 44 que hoy son considerados como bienes de interés cultural-, con los que se conformó inicialmente la Red Turística de Pueblos Patrimonio que ha ido creciendo.
Para llegar a Lorica puede volar con ADA al aeropuerto de Tolú donde en temporada baja hay cuatro frecuencias a semana y en temporada alta se multiplica en tres o cuatro vuelos diarios, o llegar vía terrestre.
Un viaje que, seguro, se constituye en todo un deleite y descubrimiento.
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