Ayer Amparo, María y Diego decidieron llevar a cabo una de las tareas más difíciles de la elaboración de un duelo, recoger todas las pertenencias de Juan Camilo, su hijo, su sobrino y su primo. Cada uno de ellos acompañado de un recuerdo, un suspiro y una lágrima.
Las camisetas, los afiches y entre ellas un cuadro que había pintado y en el que plasmaba el amor por el Deportivo Independiente Medellín y su deseo de viajar por el mundo acompañando a su rojo. En en ella, adherida con pegante junto al escudo de Medellín, la foto de su hijo de apenas dos años, Federico, la luz que lo iluminaba.
"Los hinchas son víctimas, de una masa, muchas veces no se dan cuenta de lo que hacen, no creen en nada y no tienen consciencia", expresa su madre Amparo, quien se pregunta qué podrá pensar el asesino al saber que con este hecho deja no solo un gran dolor, sino un huérfano más, todo por una camiseta roja.
Sin embargo, tanto ella como Amparo, piensan que no todos son malos, que hay hinchas y líderes buenos.
"Ayer nos tocó hablar con ellos y les pedimos respeto porque era un momento muy solemne y familiar, e hicieron caso, se comportaron con mucha compostura", expresa Amparo.
Asegura que no es cierto que su sobrino haya asistido a alguna cita con hinchas de Nacional, convocada por facebook, porque nunca le gustaba viajar con las barras.
"Nos decía que viajaba solo para no estar cerca de esa problemática. Incluso la camiseta se la ponía solo en momentos en que se sentía seguro", anota Amparo.
Era fanático y así fuera con muchas dificultades lo llegó a acompañar a Ecuador, Uruguay y Argentina, Pero además porque le gustaba conocer.
Terminó su bachillerato y un curso en el Sena de soldadura y mantenimiento, pues su sueño a corto plazo era tener un taller y para ello hacia un mes había empezado otro, de emprendimiento. Quería ser independiente.
"Creo que no quería sentirse amarrado a horarios que le impidieran ir a los partidos de su Medellín", cuenta su madre.
Incluso ya había alcanzado a comprar alguna herramienta y mandó a timbrar unas tarjetas, pues pensaba abrirlo en el garaje de la casa, en Rionegro.
También había aprendido ebanistería, cerrajería y mantenimiento de lavadoras. Además le gustaban la publicidad y dibujar.
"Pintaba escudos y hacía manillitas del Medellín, que luego salía a vender. El veía oportunidades en todo... (cuenta Amparo haciendo una pausa para coger fuerzas). Pienso que él iba a tener su taller y lo que quisiera y que iba a ser exitoso, por que le gustaba".
Él sabía que a su familia no le gustaba que fuera a los partidos y por eso no les decía nada. Hacía dos días que se había ido para Rionegro por lo que María lo llamó en la mañana del día del partido de Medellín contra Racing de Uruguay, aunque normalmente no les contestaba ese día sí lo hizo, pero no le quiso contar que estaba en Manizales.
Amparo recuerda que llevaba varios días en los que estaba muy accesible y dispuesto a resolver su proyecto de vida y ese día le dijo que se iba a motilar para conseguir un empleo que le permitiera recoger el plante que necesitaba para el taller y y sacar la libreta militar.
En un ejercicio del Sena en el que se pedía mencionar valores Kmilo apuntó "el DIM", el que acompaño hasta la muerte.
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