Ver a Juan José es ver a su padre en la época del cabello, de los uniformes verdes y las manos siempre rápidas. "Me dicen que me parezco mucho a él. Ojalá lo pueda ser", dice Juan, el hijo menor de Miguel Calero, y quien quiere perpetuar ese apellido en el mundo del fútbol.
Juan tiene 15 años, pero al contrario de su padre, busca hacer goles. Es delantero de las fuerzas básicas del Pachuca, y junto con su hermano Miguel, busca que el legado del desaparecido Cóndor no se quede en las anécdotas y homenajes.
"Decidimos quedarnos en México, pues la carrera de Juan José así lo merece. Yo jugué hasta hace unos meses en la segunda división, pero preferí el camino del estudio. Mi hermano sí tiene todo para llegar", dice Miguel, quien cambió el balón por los libros de Administración y ahora estudia en la Universidad de Pachuca, el centro educativo que pertenece al club que le dio la última gloria a su padre Miguel en México.
Junto a su madre Sandra, los chicos Calero buscan superar la pérdida de su padre, para mantener su buen nombre. Han decido mantenerse en México y apostarle todo a la carrera de Juan José. "Le prometí a mi papá que iba a ser todo mi esfuerzo, que iba a hacer todo por llegar a la Primera División, que iba por él".
Estuvieron hasta el lunes en Colombia, en donde recibieron el homenaje de la selección Colombia, en el que aceptaron un buso con el número y el nombre de su padre. "Lo recibimos con mucha gratitud, la verdad es que se han portado excepcionalmente y estamos muy agradecidos por tan bonito detalle".
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