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Horizontes

08 de febrero de 2010
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Esta columna inicia un nuevo ciclo para 2010 con base en la grata experiencia navideña en las hermosas tierras de Támesis, Antioquia. Allí se logra la verdadera renovación corporal y espiritual que se requiere para emprender con entusiasmo las difíciles tareas que demanda el Nuevo Año en medio de los retos que debemos enfrentar en Colombia y en nuestro continente.

Esa renovación se logra no sólo por los insuperables paisajes de las montañas andinas, por su extraordinaria biodiversidad de plantas y aves multicolores, por los suaves aromas de cafetales y naranjales y por los rumores cadenciosos de arroyos y cascadas, sino, especialmente, porque allí nos reencontramos con los valores culturales de un pueblo que supo trazar en su momento las mejores rutas para el desarrollo nacional, desde el modelo educativo con base en principios de moral y de tolerancia hasta los ejemplos de desarrollo económico y social como la ejemplar agroindustria cafetera, basada en la federación de las granjas familiares, hasta la eficiente industria urbana y de servicios públicos, bancarias y comerciales.

Esto es precisamente lo que más requiere el país y el mundo actual, sumido en las crisis del desorden ambiental y moral que se reflejan en el publicitado fenómeno del calentamiento global con impactos extremos de sequías o inundaciones, con la destrucción de ecosistemas y consecuentes hambrunas en amplias zonas del planeta.

Y ese desorden ambiental contribuye a intensificar la crisis social representada en las brechas inaceptables entre las minorías despilfarradoras del consumerismo y la pobreza de miles de millones de personas que se convierten en instrumento de los demagogos y terroristas de todos conocidos.

Así como la ingeniería genética se ocupa hoy de salvar, aprovechar y desarrollar las mejores especies de nuestra biodiversidad para producir las nuevas cosechas ampliadas que demanda la creciente población global, así la ingeniería social necesita conservar y desarrollar las semillas del tradicional orden moral y ético que aún subsiste en los pueblos de las montañas antioqueñas y colombianas para construir el nuevo modelo político que cumpla el lema de nuestra patria: Libertad y Orden.

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