El clima negativo que lo rodeaba por ser positivo lo sacó del colegio. Por una falta de cálculo de un tercero, sus compañeros se enteraron de su situación y empezaron a agredirlo con palabras tan hirientes que nadie, mucho menos un niño de 15 años, debería soportar.
A los pocos días de haber comenzado las agresiones, y faltando tres meses para terminar noveno grado, José* decidió no acercarse de nuevo a ese colegio porque los gritos de "sidoso" lo acompañaban hasta el bus de regreso a su casa.
En 2007 existían dos millones de menores de 15 años con VIH, según el último informe Educación para Todos de la ONU, donde se reconoce que, como ocurrió con José, la enfermedad en esos niños los ponía en peligro de apartarse de la escuela.
Como el suyo, hay otros casos de discriminación en los colegios que según Walter Bustamante, investigador de la Personería de Medellín, pueden llevar a la desescolarización de estudiantes.
En su experiencia como historiador especializado en Derechos Humanos de la población LGBT, Walter sabe que aunque hay estudiantes gays o lesbianas que tienen la fuerza para hacer valer sus derechos ante la presión que pueden sufrir en el colegio, hay otros que terminan por desertar.
En la ampliación de un informe ejecutivo que presentará en las próximas semanas, la Personería expone varios casos de homofobia ocurridos en colegios y universidades de Medellín.
A través del proyecto Gobierno Escolar, esa instancia del Ministerio Público encontró manuales de convivencia de centros educativos que consideran como "faltas gravísimas" el lesbianismo y homosexualismo o estipulan como falta hacer parte de la población LGBT dentro o fuera de la institución.
Por el calibre de las agresiones José decidió retirarse casi sin buscar un acercamiento con los ofensores. Hay, sin embargo, colegios en Antioquia en los que funcionan centros de mediación asesorados por el Instituto Popular de Capacitación (IPC).
Catherine Cano Pérez, del barrio Popular I, contó que en el centro de su colegio participan varios alumnos que tratan de resolver los conflictos para que no pasen a otras instancias.
En el trabajo con esos centros Orlando Luján, coordinador del proyecto de convivencia y derechos humanos en la escuela del IPC, ha encontrado lo que llama currículo oculto que serían estándares de algunos centros educativos para recibir alumnos. Aunque no están estipulados en los manuales de convivencia se trata de actitudes discriminatorias por sexo, religión, condición social, etc.
A Marinilla, centro de recepción de desplazados llegan estudiantes desterrados que en algunos casos son víctimas de rechazo.
Alejandra Gómez Zuluaga, residente allí, viajó en marzo a Londres para representar a Colombia en un panel global de infancia y juventud gracias a la fundación Save the Chlidren. En un trabajo sobre discriminación notó cómo algunos de sus compañeros desplazados se muestran temerosos y alejados por los malos tratos de sus pares.
La discriminación podría estar incluso desde el plantel. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas definió la adaptabilidad como uno de los elementos básicos del derecho a la educación. Hace referencia a la necesidad de que la educación sea flexible y esté adaptada a las condiciones sociales y culturales de cada comunidad.
Orlando Luján explicó que es posible que los desplazados lleguen con una lógica de aprendizaje diferente. La escuela tendría que hacer un empalme y como muchas veces no tiene el docente para hacerlo mandan al estudiante al aula de apoyo.
A Walter Bustamante le parece que algunas veces, como con los discapacitados, es más sencillo lograr la inclusión en los centros educativos. Para lograrlo en los casos relacionados con gays y lesbianas es más complicado porque se tienen que romper esquemas culturales más fuertes de docentes y estudiantes.
José, aunque no es gay, sabe que en su situación también es difícil lograrlo por la ignorancia social que hay en el tema. Por eso prefiere que sus nuevos compañeros y amigos no sepan que es VIH positivo.
Su mamá lo ve muy solitario, sólo tiene dos amigos en el barrio y a la pregunta ¿saben tus amigos que tienes la enfermedad? Su respuesta es: "Si supieran, no serían mis amigos".
*Nombre cambiado.